Sentencia insatisfactoria

La sentencia es una especie de tapabocas. Los magistrados han eludido el inevitable descrédito social y de la opinión pública nacional e internacional (asociaciones de juristas y magistrados) y han aprovechado que Garzón ya estaba condenado y ejecutada su sentencia, para darle un repaso en el fondo de la cuestión: el franquismo y sus víctimas en cuya protección y amparo el juez se ha “excedido”, expresión esta junto a muchas otras que restallan en la sentencia como trallazos y que hacen ver que la voluntad de la magistratura española no es ni ha sido nunca proclive a la investigación de los “Excesos” (¿no?) de la guerra civil y de la dictadura. Lo suyo es la dilación, la chingana procesal, las idas, las venidas, a la espera de que los testigos y todas las víctimas directas fallezcan, como ya advirtieron hace dos años los forenses. Estoy tentado de escribir que para el fondo del asunto hubiese sido más práctico que condenaran al juez, casi por el mismo motivo por el que lo absuelven: porque ya estaba condenado.

Callejeo de Cochabamba

No sé si es deporte, tradición identitaria o folklore, pero hoy, ante los puestos de videos y similares de los mercados, el espectáculo que arrebataba era la retransmisión de unas brutales peleas femeninas (el otro día era de enanos). Parecía que la sangre enardeciera a las luchadoras. La aparición de la cámara ha disuelto uno de los grupos en el que las mujeres eran las que más ruidosas jaleaban las peleas que veían.

Ese pollo (pati)tieso de cabeza en la olla… ese sueño de quien está en la calle desde antes de que amanezca…

Baltasar Garzón, absuelto

En las noticias del día la de la absolución de Garzón en el caso del franquismo. Le absuelven de prevaricación, pero le discuten la calificación jurídica. Se equivocó Garzón al hablar de crímenes contra la humanidad y le asiste la doctrina Botín… Esto recuerda los procesos contra algunos nazis:  hechos de guerra frente a crímenes contra la humanidad. Si se hubiese podido investigar, a fondo y en tiempo hábil, las trastiendas de alzamiento militar, se habría podido llegar a la conclusión de que el exterminio del enemigo estaba minuciosamente planeado meses antes del 18/19 de julio de 1936. Pero lo cierto es que nunca ha habido un gobierno que tuviera la más remota intención de investigar aquello. Me alegro, claro, de la absolución y de que no se le cause más daño al juez. Los magistrados sabían que caso de que Garzón resultara condenado el escandalazo internacional iba a ser mayúsculo. Lo tenían fácil: Garzón ya estaba expulsado en firme de la carrera judicial. Esta es una cómoda sentencia que no les deja en mal lugar. Ahora sería estimable la misma diligencia e idéntico celo en todos y cada uno de los casos que puedan estar pendientes en relación a las víctimas de la guerra civil y el franquismo. Las víctimas necesitan todavía algo más que la mera escritura de la historia.

Mercado dominical

Nadie discute la frescura de eso grandes pescados que vienen del río Mamoré… el chicharrón de surubí es un gran plato.

Esta mañana de silencio total me fui a los mercados a por algunas cosas que necesitaba. Por las calles del centro no había un alma, no porque hoy sea domingo, sino porque ayer fue el Corso de Corsos  y la ciudad tembló desde las ocho de la mañana hasta entrada la madrugada con miles de personas bailando al son de casi cien charangas que ocupaban varios kilómetros de calles, más petardos incesantes y  ritmos repetidos hasta pensar en hacerte derviche giróvago, por lo menos… Me gusta la música, pero matan los músicos si dan en muy tocadores (Padre Joseph Francisco de Isla en su Método racional para curar sabañones). Ayer tarde fui a ver a mi amigo Ramón Rocha Monroy que estaba en el hospital y, aparte de reírnos con ganas de nuestras cosas, algo que parecía ofender a las enfermeras, convinimos que estábamos hasta los mismísimos del estruendo atronador que entraba por la ventana y del folklore hecho espectáculo de riguroso pago. Se las ingenian para que, si no pagas, no puedas ver nada. Y un día te cansas, del folklore de tu casa… y de la ajena. Hay que poner demasiado entusiasmo o ser del gremio. En la fiesta loca o estás dentro, o abstente. Claro que si te gusta estar sentado horas y más horas como un pasmarote, bebiendo una cerveza detrás de otra, no tengo nada que decir. Por cierto, no tengo la seguridad de que hoy sea el llamado Domingo de Tentación… no tengo la seguridad de nada. Eso sí, hemos visto dos camiones repletos de gente muy adulta pintarrajeada de azul, como pitufos, iban de cara a las montañas, muy farreados, de ayer y de hoy. Interminables carnavales bolivianos.

Bueno, estábamos en los mercados. Me gustan más los de Cochabamba que los de La Paz. Los de Cocha  empiezan, callejeros, alrededor del 25 de Octubre, en el centro (ya volveremos porque dicen que dan el mejor fricasé de Bolivia en unos comedores que parecen nichos de camposanto) y acaban en el zoco colosal de La Cancha y la antigua estación de ferrocarril. Mucho colorido, mucha bulla, mucho venteo de mercaderías y mucho apreciar la mejor puesta al tacto, donde dejan. Vendedoras de fruta, de verduras, de quesillos, de carbón vegetal para parrilladas, vísceras, pastas, zapateros al paso: “¡Los domingos no se trabaja!”, grita uno, “¡Pero se vende!”, le replica otro… Hay que dejar los escrúpulos en casa. Y eso que no todo es venta a pie de tubo de escape. Me he acordado de algo que decía una de mis abuelas: que los hombres no teníamos que ir a los mercados: “¡Os engañan, parecéis tontos!” Es posible. Regatear con una casera boliviana tiene su miga. Imbatibles, carajo, llevas todas las de perder. Los gitanos son más accesibles. Y aquí se precia y regatea mucho. Además, lo quieras o no, compras más de lo que necesitas y puedes razonablemente consumir. Los ojos te traicionan y más el saber que estás de paso, muy de paso.

Un Ekeko andante

Como hoy se cierra en La Paz la feria de Alasitas traigo este Ekeko andante o mejor, bailante, en la plaza de San Francisco, de hace treinta años. A saber a quién le habrá traído suerte. Lleva encima todo lo que se considera símbolo de fortuna y bienestar: billetes de bolivianos y de dólares, azucar, cereales, serpentinas, un cetro de poder… y anda fumando su cigarro de la suerte. Podría llevar un camión, una casa, cestos, cereales, ojotas… pero no lo distingo.

Los Novios de la Muerte 3

O cada loco con su tema. El otro día encontré esta fotografía de los Novios de la Muerte, los paramilitares criminales de 1980, el ejército privado del narcotráfico. Bolivia, claro. La fotografía no tendría nada de raro si los dos personajes de la derecha, además de lucir en sus buzos militares una calavera, no lucieran lo que parece ser el camello de las tropas españolas en el Sahara. Y no solo eso, sino que parece que bajo el  camello también lucen la insignia de los GOE, los Grupos de Operaciones Especiales, del ejército español, claro, comúnmente llamados “guerrilleros”. ¿A alguien le puede extrañar que alguna de esta gente fuera contratada por los servicios secretos de Presidencia de Gobierno, al tiempo de Manuel Fraga o Martín Villa, para los trabajos sucios… que los hubo?

La dicha ajena y la novela negra.

Ahora que atruena las bandas de música en Cochabamba –es el Corso de Corsos: las calles están cortadas ocupadas por carrozas y gente disfrazada desde las ocho de la mañana–, me he acordado de que no había colgado esa fotografía que saqué el otro día y que me gustó mucho, pero para mí tiene un misterio. Y es que me crucé  con esas personas, cada una por su lado, en otro escenario completamente distinto, y no una vez, sino dos. No sé quiénes serán, pero en aquel instante se las dichosas. Por si acaso las he convertido en personajes imaginarios de una situación imaginaria, que es como acaba casi todo lo que vivimos algunos. Gente dichosa, lo era la otra noche Alex Ayala, celebrando su cumpleaños en el Sancho Panza, rodeado de sus amigos y de su gente. No me habría perdonado el no haber ido. Gente dichosa… te da más de lo que supone.

Digo bien Cochabamba porque ayer, después de una espera interminable debajo de un aguacero que parecía que el cielo se hundía sobre El Alto, salió el avión de La Paz a Cochabama. Fue un día de esos agotadores, de ir corriendo de un lado a otro, y como estaba en La Paz, cuesta arriba y cuesta abajo. Por la mañana estuve conversando con Juan de Recacoechea, un escritor –nieto de navarro– que tenía ganas de conocer desde que leí una novela suya (mi primera  novela boliviana), American visa, una novela negra, porque negra es la historia de esas visas americanas y de la ciudad de La Paz como boca de lobo. Quería hablar con él de otro asunto más negro todavía: del asesinato del jesuita catalán Luis Espinal, en 1980, y de una banda de paramilitares que paraba en un bar que había en los bajos del hotel Copacabana, en El Prado paceño. No en vano escribió una novela sobre ese asunto: Toda una noche la sangre. Me contó como al Mosca Monroy, recordado aquí como un loco cruel, le salió el tiro por donde no esperaba: por la boca de la pistola con la que estaba jugando a la ruleta rusa. Voy a hablar estos días de algunas novelas suyas, pero si algo me gustó de Recacoechea es que cuando escribe una novela de las llamadas negras, viaja al final de la noche, sabe de qué habla. Hace ya muchos años que escribí que esa novela considerada negra es la que mejor va a dejar testimonio de la mugre de esta época.

Claudio Ferrufino-Coqueugniot, a la calle.

Canto que a nadie ha de interesar es éste.
Ahí reside su júbilo.
Ni al predicador inútil y solitario, ni a mí.

Coincidencias. Otras. Malas. Por una de ellas me desperté esta última mañana de La Paz con esos versos de Balada de la galleta marinera, de Guillermo Quiñonez, el  poeta de Valparaíso. Ayer me enteré de que a mi amigo Claudio Ferrufino-Coqueugniot lo habían echado de Página siete, el periódico donde colaboraba, gracias a una polémica columna de opinión… publicada en otro periódico. La dirección del periódico se cae del guindo y esgrime unas reglas éticas para justificar lo que huele a castigo o a venganza inducida. Ellos sabían a quién publicaban: a un autor que tiene un estilo agresivo, bronco a veces, ferozmente antigubernamental que publicaba en ese y en otros periódicos. Y el artículo  por el que le echan del periódico donde no fue publicado debe inscribirse en ese contexto. Ya hablé de este asunto el otro día. De no haber levantado la polvareda que ha levantado el viceministro de Descolonización, no habría pasado nada, pero el viceministro alentó medidas de castigo acusando a Claudio Ferrufino de racista: mucha acusación y mucho alentar. Como dice la autora de un comentario: triste.

Motores de búsqueda

No tengo la menor idea de cómo se puede llegar a este blog poniendo como motor de búsqueda “fotos de vagabundos orinando”, pero alguien ha llegado hasta aquí buscando eso y no sé lo que habrá encontrado, o si visto lo visto, habrá salido a la carrera, que es una de las reglas  de este deporte tan de alta competición como popular: secretos maratones en busca de una nada final. El de la fotografía no estaba orinando. En realidad no sé lo que estaba haciendo al margen de increpar al universo mundo, con quien parecía tener un contencioso legítimo y severo, y a quien acertara a pasar por allí, un lateral del mercado Uruguay, junto a uno de los peores lugares de La Paz: la calle Sebastián Segurola.  No es para menos.