El otro día estuve en una challa callejera de amautas en la que participó el viceministro de Medicina Traidicional e Interculturalidad, Alberto Camaqui. Hoy, en la portada del periódico Página Siete, en titulares destacados, se decía que los médicos tradicionales curarán el susto la envidia y la maldición, en su calidad de enfermedades espirituales, y que estas prestaciones entrarán dentro del Seguro Universal de Salud.
Según el viceministro, una enfermedad espiritual es aquella que la medicina convencional no puede curar… Los doce males que atenderán los médicos tradicionales son: el susto, la q’atja (agarrado de tierra), la mara, la wijsa t’allisca (estómago removido), la maldición, la envidia, los partos difíciles, el mal del rayo, del viento y del aire… y la diarrea y el dolor de cabeza. La envidia productora de pertinaz mala suerte que hay que limpiar con una mesa blanca… que no sé si con sistema copago, abonará el Seguro.
Yo, hasta aquí llego… me consta lo generalizado de estas creencias, en una intensa recuperación de afirmación identitaria (política: singularidad y derechos, tarea descolonizadora), según pude escuchar el otro día.


























