Carlistas en La Paz

Las casualidades las carga el diablo. Lo tengo dicho. Ayer tarde había quedado con un buen amigo boliviano en la cafetería Alexander, en la plaza Avaroa, de la La Paz. Conversamos mucho, de disparates de la vida cotidiana boliviana (muchos y muy sonados) y de asuntos de actualidad de aquí y de allá. Como otras veces, y por derivas de la charla, dimos en hablar del carlismo y de los carlistas. No recuerdo bien si los carlistas fueron convocados a escena  al hilo de los paramilitares bolivianos de la narcodictadura de García-Meza, con Delle Chiaie a la cabeza, que han ido saliendo estas semanas en este espacio. Paramilitares extranjeros y paramilitares nacionales. Los primeros escaparon impunes, la mayoría de los segundos –llegó a haber entre novecientos y tres mil encuadrados en diferentes grupos: Los Novios de la Muerte fue solo uno de ellos–, también. Muy pocos pagaron por los crímenes cometidos. Entre los segundos estaba Nielsen Reyes (su padre fue el traductor de Mein Kampf al castellano), famoso por haber cambiado su consulado alemán por un caballo y por sus dotes de playboy arrimador de mujeres. Si mis informaciones son exactas, Nielsen Reyes fue el anfitrión boliviano de Sixto de Borbón-Parma, a quien muy pocos recuerdan con agrado. Hasta un Baleztena que iba con él de copas lo recuerda como un gorrón que “no hacía ni mención” de pagar su ronda. ¿Qué hacía o qué hizo Sixto de Borbón en La Paz, y en compañía de Nilsen Reyes? Mi informante no lo sabe, sólo sabe que le pareció “un golfo muy fino”; y conociendo las andanzas de Nielsen Reyes habría habido más vida de crápula que trapisondas políticas. Hablamos y hablamos, de aquel siniestro Montejurra de 1976 durante el que fueron asesinadas dos personas, de la complicidad de los servicios secretos españoles en la fechoría y hasta con la narcodictadura de García-Meza, del fin del carlismo, de cómo se aprovechó el franquismo de los voluntarios navarros que salieron al frente el 19 de julio de 1936, de la figura y personalidad de Carlos-Hugo y de su hermana la historiadora americanista María-Teresa de Borbón-Parma… hablamos y hablamos, ya digo. Sonaban raros aquellos temas de conversación en un lugar  como la Avaroa, de La Paz, pero bueno, no hay lugar malo ni raro para una buena conversación. Al final mi amigo me preguntó qué era de los hijos de Carlos-Hugo y si alguno había seguido la representación oficial del carlismo. No supe que contestarle y ahí terminó la conversación.

Esta mañana me asomé a la prensa de allá y me encontré con esta noticia: “Carlos Javier de Borbón jura los Fueros de Navarra como sucesor de la dinastía carlista. El acto contó con un homenaje a Aniano y Ricardo, asesinados en Montejurra en 1976.  El juramento fue realizado en castellano y euskera en el escenario de la basílica de Nuestra Señora de Irache“. Y la historia, todo lo demediada y epigonal que se quiera, continúa, por otros derroteros, pero continúa. Se entendería mal la historia de Navarra de los dos últimos siglos (casi) sin la presencia del carlismo, en todas sus etapas y variantes, hasta ahora mismo cuando diferentes posturas políticas son herederas de aquel movimiento y sus levantamientos, guerras, conspiraciones, rebeliones, clandestinidades, enfrentamientos, escisiones…

 

Los Novios de la Muerte

Esta mañana estuve hurgando en un gran cajón de fotografías en busca de una de Los Novios de la Muerte, una cuadrilla de mercenarios extranjeros que actuó en Bolivia a las órdenes de Klaus Barbie, en el golpe de estado de julio de 1980, durante la narcodictadura de García Meza, un periódo negro de la historia boliviana. ¿Estuvo Ernesto Milá en ese grupo? No lo sé, en Bolivia estaba y relacionado con el italiano Delle Chiaie y con Klaus Barbie. Vi muchas fotografías de la Bolivia profunda, de sus avatares políticos, pero no encontré la foto que buscaba. Encontré otras, pero no esa. El de la fotografía en uniforme nazi dicen que es Delle Chiaie, uno de los criminales contratados por los servicios secretos españoles de Manuel Fraga (CESED) para actuar con total impunidad en Montejurra 76. Ellos mismos han confesado ante jueces italianos que actuaron contra refugiados de ETA en Francia, pista esta de la que al menos en España no se ha vuelto a oír hablar. Si no es Delle Chiaie, es Joachim Fiebelkorn, alemán, ex miembro de la Legión española. Lástima no haber podido encontrar más fotografías y sobre todo no haber dado con esa en la que está casi todo el grupo de mercenarios italianos, algún francés, alemanes, argentinos… Si sus nombres no hubiese aparecido, para nada o para muy poco en esa Transición de la que no todo está escrito, no me habría interesado por esta gente que actuó de la mano del narcotráfico boliviano y de los nazis como Klaus Barbie, al servicio del mejor postor, entre ellos, el del gobierno español através de sus servicios secretos.

A mí más me parece, comparándola con las fotos de Montejurra, que Delle Chiaie es el que aparece con gafas de sol. Joachim Fiebelkorn es el valiente y leal legionario de la fotografía al margen: Legionario, legionario,/ de bravura sin igual,/ si en la guerra hallas la muerte/ tendrás siempre por sudario,/ legionario, la Bandera Nacional/ ¡Legionarios a luchar!/ ¡Legionarios a morir!… Amén.

Martín Villa y su transición…

“Lo nuestro son errores, lo suyo son crímenes”, es a lo más que llegó a admitir  el falangista Martín Villa, hombre de Frente de Juventudes, sindicatos verticales y Secretaria General del Movimiento, reconvertido en demókrata hasta las cachas por arte de birlibirloque, que hoy, a su modo, explica en la prensa lo sucedido en una semana negra en que “tembló España”… vaya, mucho temblar, para en el fondo no explicar nada.

No es Bolivia un mal sitio para leer esas declaraciones de Martín Villa, ministro de Interior, preboste de Gobernación, hombre fuerte del régimen y más franquista siempre que otra cosa, al tiempo de la sacrosanta Transición. Aquellos años, ETA mató y secuestro, cierto, pero nunca se señala con la misma firmeza la nula en la práctica voluntad de investigar los crímenes en los que estaba implicada la policía española y que se atribuían a “los ultras”. ¿Se investigó a fondo hasta sus últimas implicaciones policiales y militares al Batallón Vasco Español? ¿Y al CESED? ¿Y a los mafiosos de la Secretaría General del Movimiento?

El mismo Delle Chiaie, mercenario italiano que muy poco después de participar como pistolero en los crímenes de Montejurra (1976) acabó en Bolivia al servicio de Klaus Barbie en sus Novios de la Muerte (Ernesto Milá también fue de la partida), señaló a la policía madrileña como cómplice del asesinato de los abogados del despacho de la calle de Atocha. Nadie respondió nunca por lo sucedido en Montejurra, en Pamplona, en Vitoria… no respondió porque no hubo intención alguna, ni gubernativa ni policial ni judicial de que así fuera, al revés, todo eran trabas, dilaciones, negativas… Lo saben los abogados que defendían los intereses de las víctimas.  Aquella visita propagandista de Fraga y Martín Villa a los heridos de Vitoria, a la que fueron obligados estos, debería quedar en los anales de la infamia. Su policía dijo de manera festiva y así quedo grabado: “Hemos contribuido a la mayor paliza de la historia”: cinco muertos y más de doscientos heridos, entre graves y leves.

«Intento comunicar, pero nadie contesta. Deben estar en la iglesia peleándose como leones. ­¡J-3 para J-1! ¡J-3 para J-1! Manden fuerza para aquí. Ya hemos disparado más de dos mil tiros. ­¿Cómo está por ahí el asunto? ­Te puedes figurar, después de tirar más de mil tiros y romper la iglesia de San Francisco. Te puedes imaginar cómo está la calle y cómo está todo. ­¡Muchas gracias, eh! ¡Buen servicio! ­Dile a Salinas, que hemos contribuido a la paliza más grande de la historia. ­Aquí ha habido una masacre. Cambio. ­De acuerdo, de acuerdo. ­Pero de verdad una masacre». En Youtube está la grabación entera. Hay documentación de sobra.