“Se inició en Bolivia una ola de asesinatos. La primera víctima fue el jefe del Partido Socialista, diputado electo por Cochabamba, Marcelo Quiroga Santa Cruz; brillante intelectual, ex ministro de Estado y principal gestor de la nacionalización de la empresa petrolera Gulf Oil Company. Los cuarteles se convirtieron en cárceles. Grupos no identificados asaltaban domicilios particulares. Fue destruido el edificio donde funcionaba y tenía su sede la Central Obrera Boliviana. Se impuso el toque de queda. Los paramilitares patrullaban las calles de las ciudades. Por primera vez en Bolivia, fueron utilizadas ambulancias como carros de asalto.” (Gustavo Sánchez Salazar, en Criminal hasta el final. Klaus Barbie en Bolivia, Barcelona, 1987, pág. 90)
Esas ambulancias se convirtieron en un instrumento y en un motivo de terror para la población de La Paz, en julio de 1980. Consta de forma sumarial que eran el vehículo de combate de Los Novios de la Muerte. El cadáver o mejor, los restos de Marcelo Quiroga Santa Cruz no han sido hallados. Los militares nunca han confesado dónde y cómo fue hecho desaparecer el político que fue visto muerto en las escaleras de la Central Obrera Boliviana (me lo contó un testigo presencial a quien bajaban arrastras por las escaleras: el libertario Liber Forti). Dicen que está en dependencias del Estado Mayor del Ejército. El propio García Meza intento obtener beneficios penintenciarios a cambio de información sobre el paradero del asesinado; de él y de otros. Morales tampoco ha conseguido nada.


