Los Novios de la Muerte

Esta mañana estuve hurgando en un gran cajón de fotografías en busca de una de Los Novios de la Muerte, una cuadrilla de mercenarios extranjeros que actuó en Bolivia a las órdenes de Klaus Barbie, en el golpe de estado de julio de 1980, durante la narcodictadura de García Meza, un periódo negro de la historia boliviana. ¿Estuvo Ernesto Milá en ese grupo? No lo sé, en Bolivia estaba y relacionado con el italiano Delle Chiaie y con Klaus Barbie. Vi muchas fotografías de la Bolivia profunda, de sus avatares políticos, pero no encontré la foto que buscaba. Encontré otras, pero no esa. El de la fotografía en uniforme nazi dicen que es Delle Chiaie, uno de los criminales contratados por los servicios secretos españoles de Manuel Fraga (CESED) para actuar con total impunidad en Montejurra 76. Ellos mismos han confesado ante jueces italianos que actuaron contra refugiados de ETA en Francia, pista esta de la que al menos en España no se ha vuelto a oír hablar. Si no es Delle Chiaie, es Joachim Fiebelkorn, alemán, ex miembro de la Legión española. Lástima no haber podido encontrar más fotografías y sobre todo no haber dado con esa en la que está casi todo el grupo de mercenarios italianos, algún francés, alemanes, argentinos… Si sus nombres no hubiese aparecido, para nada o para muy poco en esa Transición de la que no todo está escrito, no me habría interesado por esta gente que actuó de la mano del narcotráfico boliviano y de los nazis como Klaus Barbie, al servicio del mejor postor, entre ellos, el del gobierno español através de sus servicios secretos.

A mí más me parece, comparándola con las fotos de Montejurra, que Delle Chiaie es el que aparece con gafas de sol. Joachim Fiebelkorn es el valiente y leal legionario de la fotografía al margen: Legionario, legionario,/ de bravura sin igual,/ si en la guerra hallas la muerte/ tendrás siempre por sudario,/ legionario, la Bandera Nacional/ ¡Legionarios a luchar!/ ¡Legionarios a morir!… Amén.

Un trono de hoja de coca

Esta es una de las fotografías con las que el fotógrafo italiano Pietro Paolini ha ganado el segundo premio de World Press Photo con el pie forzado de “Vidas cotidianas”: la Bolivia de Evo Morales. Algunas de ellas son gloriosas, magistrañes, y la  que aquí reproduzco ha aparecido estos días en casi todos los periódicos bolivianos. Yo creí que era del mercado central de la coca, en La Paz, pero las montañas que se ven a através de la ventana no me parece que se puedan ver desde la antigua fábrica de fósforos que hoy ocupa ese mercado por el que pasan a diario toneladas de coca y que tiene cubículos que no desmerecen al fotografiado por Paolini. Para mí es una buena imagen de la importancia que tiene la hoja de coca en la vida cotidiana de Bolivia y de los conflictos de intereses encontrados que provoca. La realidad es que pese a los esfuerzos del gobierno por el control de los cultivos, la producción supera en mucho la que se puede consumir con el acullico y  hay toneladas de hoja de coca que se dedican a la elaboración de cocaína que mueve millones de dólares que andan en danza por la economía oficial y por la sumergida.  Se habla tanto de este asunto que se ha convertido en un lugar común. Encuentro cada vez más gente que tiene aversión a la hoja de coca o que a la que esta le resulta algo por completo ajeno, no sé si porque pertenece a un mundo de indios o por qué; mientras otros le tienen una especie de devoción reverente relacionándola con algo sagrado e intocable que cada vez ocupa más lugar en esa “Bolivia de Evo Morales”: el pensamiento e imaginario andino, lo ancestral, lo inefable.

En Cochabamba, con aguacero

Entre la flor de la kantuta, atrapada ayer en la calle, camino de una pulpería de cuento y hosca, y el amanecer de aguacero en Cochabamba, no hay más que un estado de ánimo que interesa poco, o mejor, nada. La flor de la kantuta es un símbolo nacional y un icono en la pintura de Arturo Borda. Esa todavía pálida la vi ayer después de escuchar parte de un discurso de Evo Morales contra el narcotráfico, con motivo del tercer aniversario de ascensión al poder. Toda una obsesión nacional y un arma arrojadiza. Y un negocio mayúsculo que sostienen está detrás de la febril construcción de Cochabamba y de la destrucción sistemática de su mejor traza urbanística, sustituyendo la ciudad jardín por los edificios con mucha altura, más volumen, aluminio y vidrio. El negocio es el negocio: “Aquí en Cochabamba invertir en farmacias es plata perdida, la gente no enferma, come, come…”, esto le oí decir el otro día a un cuco que se había comprado la planta entera de un edificio digno de Metropolis para dedicarlo a “espacio gastronómico”. De la chichería de piano, suelo de tierra y cuecas, a los “espacios gastronómicos” cuanto más fushion mejor, brasileros, japoneses, italianos, vallunos, poco importa, está la evolución de la sociedad boliviana. Hay mendigos, hay pobreza, pero también hay mucha plata. De dónde sale eso es otra cosa: remesas, contrabando, narcotráfico… no es suficiente, hay algo más, seguro. Resulta curioso ver enriquecerse a una clase que practica el acoso y derribo de un gobierno a cuya sombra medra.