Apocalipsis antediluviano

En las calles de La Paz tengo oído que la Biblia la escribieron los extraterrestres. Algo parecido pasa con las ruinas de Tiawanaku que han servido de base para miles de páginas eruditas y de historia ficción y esoterismos varios. Hoy tropecé con ese pajpako que sostenía que la célebre Puerta del Sol de Tiawanaku estaba ahí desde antes del Diluvio Universal y había sido construida por enviados de los cielos que prefiguraron de manera profética en ella la crucifixión de Cristo… y si no nos hemos enterado de esto hasta ahora es por culpa de los curas, de los españoles y de los gringos. Eso decía mientras intentaba vender un folleto fotocopiado de algo que parecía haber sido editado en el siglo XIX; parecía, digo. Es asombrosa la curiosidad que suscita el pasado remoto e inexplicable del pasado preincaico boliviano. En realidad me gustaría saber en qué cree exactamente esta gente, cual es el imaginario no ya andino, sino el que se ha ido elaborando al paso a lo largo de los siglos, y que compensaciones del presente acuciante encuentran en el pasado de los enviados del cielo… Ah, tengo oído que los colores de la wiphala sagrada eran el anuncio de una célebre fábrica de sifones paceños del señor Pérez Velasco.

Pajpako al tajo

Una de las estampas clásicas del callejero paceño: el vendedor de remedios amazónicos, milagrosos siempre, empezando por la sangre de grado sacado de la corteza, hierbas, tinturas, de bufeo, de serpiente, bejucos prodigiosos que curan heridas, tumores, úlceras… todo lo que acaba en el rincón del dolor y la desesperanza.

Herboristas, sanadores y pajpakos

Herboristas y sanadores, junto a una  ambulancia de medicina natural  de amautas o kallawayas diplomados (y malas pulgas cuando se acerca un blanco que intenta disimular una cámara), el pajpako de turno que siempre encuentra alguien con dolores incurables que prueba suerte. El charlatán y los profesionales reconocidos de la medicina andina que ventean la mercancía en lengua aymara y también en castellano: hierbas y compuestos milagrosos contra todo: próstata, piel, mal olor corporal, nervios, tristezas, golpes, heridas, úlceras, mal aliento, dolores que desaparecen de la mañana a la noche, cáncer, intestinos, ceguera… y una Adelgacina que solo resulta misteriosa en su composición.

Sueños y reclamos

Esta mañana en la plaza 14 de septiembre todo estaba en su sitio y ahí seguirá, cada cual en su rincón: la inevitable marcha con sus imparables petardos delante de la Alcaldía –hoy le tocaba  al sindicato de revendedores de chicha, la bebida nacional–, el vendedor de apocalipsis varios (culpa lejana española y cercana norteamericana) y plantas milagrosas de aspecto tirando a poco lozano, y el que se contenta no con vender sueños sino su interpretación (a poco más de un euro), porque, asegura, es en los sueños donde está la clave de nuestra vida presente y sobre todo futura (venturosa), al tiempo que redondea la oferta con unos folios (1 boliviano) con todo lo necesario para renovar el carnet de conducir.