FOXÁ Y LOS JUDÍOS

Siguiendo los complejos pasos de Agustín de Foxá en Bucarest, he encontrado algunos comentarios referidos a los judíos que es sectario e incorrecto señalar (como lo es en el caso de Baroja y sus judíos rumanos del Hotel del Cisne) y que tal vez por eso mismo sea necesario hacerlo.

Foxá era un buen escritor, no lo dudo, y todo un personaje (más todavía), pero sería mejor hablar de “todo” Foxá y no dejar al margen lo que nos estropea la imagen, si es que la estropea y, convertido cada vez más en un emblema de ideología conservadora y reaccionaria, no compartimos plenamente esta.
Me parece detestable rechazar a un escritor por su ideología y solo por eso, pero estimo que no es muy limpio aceptar unos y rechazar otros, dependiendo no de la calidad de la prosa -que es por lo visto lo que es preceptivo valorar-, sino de lo simpática que nos resulte la ideología con ella expresada, una página sí y otra también.
La actitud de Foxá hacia los judíos no desentonaba del brutal y ocultado antisemitismo del que hacía gala la Falange y que destaca como trallazos en sus periódicos (ver los trabajos de Gonzalo Álvarez Chillida), pero es ambigua con respecto a los sefarditas de origen español que encuentra en sus viajes a la Europa oriental.
Con todo, al margen de que los judíos son hediondos, nauseabundos pacifistas, antimilitaristas, demócratas y groseros (Misión en Bucarest, p. 19), usan barbas sucias (p. 30), van con sus narices ganchudas por delante, leen “novelas de adulterio” (p. 21) o, lo más zafio en aquella época de patriótico nacionalismo de obligado cumplimiento, tienen “esa palidez de los hombres sin geografía, sin paisaje, sin templos”, aunque intenten asimilarse cambiándose los apellidos, cuando el narrador, falangista y diplomático de Burgos y de la República, entra en una sinagoga, dice:

Había algo de Banco, de cheques, de laicismo, de logia masónica en aquel templo sin paisaje nacional en torno, sin raíces ni muertos en los cimientos, colocado superficialmente sobre la costra de una tierra cristiana y extranjera.

Y en una carta familiar escrita desde Buenos Aires el 4-I-1948, encuentro esto:


Esta tarde una horda de unos 200 comunistas han cercado la Embajada y han disparado un tiro en protesta de la ejecución de Zoroa. La Policía los dispersó en un santiamén. Casi todos lucían sus carnosas narices, por las que Jehová reconocía a su pueblo.

Zoroa. Agustín Zoroa Sánchez, responsable del PC en la posguerra, fue fusilado junto a Lucas Nuño, el día 29 de diciembre de 1947, tras un juicio sumarísimo, militar claro, plagado de irregularidades. Por lo visto, el día anterior, día de los inocentes, Zoroa y Nuño fueron sacados de la celda de condenados a muerte para que firmaran su conmutación de pena.

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