CON JUAN CARLOS CALDERÓN



A Juan Carlos Calderón (La Paz, 1932) le he escuchado decir en más de una ocasión que un arquitecto es un monje con un mazo de lápices de colores en la mano.
Lo que me consta es que él lo lleva a la práctica todos los días en su pequeño estudio del Sopocachi paceño. Una actividad incesante reflejada en proyectos minuciosos, dibujados y coloreados lápiz en mano, con mimo, como ya pocos lo hacen; dibujos y proyectos que han sido expuestos en varias ocasiones. No voy a mencionar sus premios y distinciones, para qué, están en la red. Basta teclear su nombre y su profesión: arquitecto, como le llama el mesero y el cura que pasa por ahí. Además, me honro con su amistad y todo lo que pueda decir es por fuerza parcial e interesado.
Juan Carlos Calderón es un arquitecto humanista como conozco pocos, apasionado, curioso, que guarda una juvenil devoción ordenancista por Frank Lloyd Wright.
En los últimos tres años he tenido la oportunidad visitar con él algunas obras de arquitectura memorables: el edificio de la Alianza Francesa o la sede de la Corporación Andina… Se entendería mal el centro actual de La Paz sin los edificios proyectados por Calderón. A Juan Carlos le hubiese gustado una ciudad con una planificación distinta, mejor, y en su mirada de arquitecto hay una melancólica incredulidad y una voluntad de no rendirse. Las cosas como son, como podían haber sido. Esa voluntad de dejar las cosas mejor de como las hemos encontrado.
Ayer le hicieron una entrevista en el diario La Razón. Habló, entre otras cosas, de un espacio paceño del que hemos conversado en muchas ocasiones: la plaza de San Francisco. No es el único que afirma que se trata de una intervención arquitectónica poco afortunada.
Como adelanto de las fotografías que iré colgando, vaya este video con algunas de sus obras:
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