THINKUS EN NAVARRA

HOY leo en el periódico que en una población de la Cuenca de Pamplona hubo ayer una demostración de Thinku boliviano. Lástima no haberlo sabido. Habría ido, aunque solo fuera para meterme un pico de melancolía en vena. Ese folklore tan lejos de la tierra en la que hemos nacido y están los nuestros es algo más que culturimo, es un grito de socorro, una señal de sobrevivencia, una afirmación de existencia cuando casi todo nos es hostil.
No sé muy bien cómo es la vida de los bolivianos en mi tierra, pero la presumo muy dura. Yo sé como ha sido la mía en la suya. No es lo mismo, claro. Ellos están aquí para ganarse la vida, yo voy allí para ganármela de otra manera. Con el tiempo he entendido por qué, hace más de cien años, el escritor Ciro Bayo fue allí de paso y se quedó seis años. Probablemente encontró lo que no había encontrado en ninguna otra parte y menos en su tierra. Lo he intentado explicar muchas veces: haces tuyo un país por el paisaje, sí, claro, pero sobre todo por el paisanaje.
El thinku es una danza violenta que se baila en una de las regiones más pobres de Bolivia, Norte de Potosí, y que termina a trompazos entre comunidades. Quien haya caminado por las calles de Pocoata, por ejemplo, no lo olvidará en la vida. Este año estaba en Potosí el 2 de mayo, fecha ritual de esa danza, pero me fue imposible ir hasta Macha. Tenía una cita con los niños de la escuela minera Robertito, en la cara oculta de Cerro Rico. Sé que hubo muchos heridos, aunque no muertos. Otro año será.

Anuncios