INDIGNADOS VERSUS PRIVILEGIADOS

MIENTRAS los indignados ocupan las calles o al menos lo intentan porque se ha levantado la veda de su caza, los dueños de la policía que no sirve, ni de lejos, a todos los ciudadanos porque no está pensada para eso, se aprestan a hacerse con las actas de diputado que les asegurarán una vida cómoda y privilegiada para el resto de su vida, ajenos a que las protestas les conciernen porque les señalan directamente.
Ha llegado el momento d eimpedir las protestas, de juzgar toda protesta violenta, ilegal, de dejar el diálogo amañado para mejor ocasión: que hablen las porras y los porristas.
Los privilegiados no quieren protestas ni violentas ni mucho menos pacíficas, y menos ahora que se aprestan a afianzarse en el en su pingüe negocio reservado a una elite y a los muchos deudos que desde la administración, el parasitismo burocrático y académico, o los medios de comunicación les rinden fiel vasallaje.
Es imposible no sentir derrotismo y la tentación de tirar la toalla y dejarlo correr. si no me hubiese enterado de que mi amigo Gregorio Iriarte, octogenario lúcido y luminoso, una de las cabezas claras que tiene Bolivia, un tipazo, estuvo en esa marcha, admirado del empuje de la gente joven y menos joven que se había echado a la calle para reclamar otra forma de hacer política y de lo pacífico de su protesta.
Me pregunto qué mueve a alguien tan baqueteado ya por tantas luchas en las que se ha jugado literalmente la vida por los demás y que ha tendido más veces su mano de las que los demás podremos hacerlo en la vida, le lleva a sumarse anónimo, pequeño, triste y solitario (esto lo sé porque me lo ha dicho y siento romper aqui una discreción no por no pedida menos debida).
La imagen es hermosa, al menos para mí. Refleja
Hay gente, ilusa, que cree que el cambio es todavía posible, que puede gracasar o se decpecionate, qie no tira la toalal, que la verdaera muerte es desertar.
A la calle que ya es hora y

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