14 DE ABRIL…

En alguna página, Pío Baroja sostiene que las mismas personas que en tal día como hoy festejaron en la Puerta del Sol la llegada de la Segunda República Española fueron las que tres años después y brazo en alto celebraron la entrada en Madrid de las tropas franquistas. Mucho sostener, pero la masa es tornadiza. Carmen Baroja, que se echó a la calle aquel 14 de abril para pulsar el ambiente, algo muy de familia, dijo que las turbas que acechaban el palacio real coreaban coplas obscenas. Hoy, todavía, el clima favorable a una república es tibio y vamos camino de que las coplas obscenas te cuesten años de cárcel.
«¡Un, dos, tres!
¡Muera Berenguer!
¡Ahora! ¡Ahora!
¡Que le den
por culo a Mola!»
(Copla que
coreaban las famosas turbas madrileñas el 14 de abril de 1931).

A mí me hubiese gustado estar en mi ciudad para poder participar en un homenaje que allí se celebra este día en el lugar de las ejecuciones del tiempo de la guerra civil, porque este año, por fin, se iba a colocar en los fosos de la ciudadela un monolito digno, después de mucho batallar con unas autoridades reacias a cualquier reconocimiento efectivo y generoso con las víctimas de aquella represión feroz de retaguardia, en un lugar donde nunca hubo frente de batalla. Ejecuciones que fueron un espectáculo, con la participación de monjas y de vendedores de churros. Laín Entralgo fue testigo directo de una de ellas.

FALTAN GANAS

Faltan ganas para comentar nada sobre ese safari de 59.000 euros, dicen, yo qué sé, cuando el gobierno restringe las prestaciones sociales y blablablabla… está todo muy dicho… y es muy fácil, muy evidente… y es el país en el que vivimos… pero aún así queda un rescoldo de no es esto, no es esto… a lo dicho, faltan ganas.

Faltarán ganas, pero el editorial de Diario de Noticias de hoy, aquí enlazado, es bastante lúcido, mucho más que los que quienes aplauden las vacaciones reales: “Herencia envenenada”

"¿TÚ PARA DÓNDE VAS?"

Esa pregunta no suele ser una forma de cortesía, sino un desplante refinado… hay que ser lo suficientemente rápido para contestar que vas para el lado contrario de donde en realidad vas, de forma que o bien obligas a quien no quiere caminar contigo a hacerlo o a que vaya en dirección contraria, al menos un rato, cuestión de verlo de espaldas… hay gente que es mejor no haber conocido jamás… Esta es una consideración de dos direcciones.

SERMONES DE MERCADO

El asunto parece ser no dejar pasar una oportunidad de echar sermones, discursos, arengas… he visto mucha voluntad de evangelizar y mucha clientela para esos discursos. Pero qué pinta eso en un mercado en el que quien más quien menos lima pesas, altera el fiel de la balanza –”Mañana paso y te la quita”, le decía una oficial de policía a una vendedora con cara de resabiada– o te da gato por liebre por sistema, para no perder mano…

AL DÍA

Leo distraído noticias de allí: esa escalada del autoritarismo, ese culto del principio de autoridad, esa voluntad represiva que en breve alcanzará a los medios de expresión, de eso estoy seguro, dentro de poco todo será atentado contra la autoridad, pero estoy atrapado en las noticias de aquí, en una nueva suspensión de vuelos que me tiene bloqueado en Cochabamba, sin pensar en otra cosa que en salir de Bolivia como sea. Eso te absorbe y obsesiona. Y eso que lo tuyo, comparado con lo de los inmigrantes que han perdido su trabajo en España por no acudir a su tajo, es nada, pero nada de nada. Se encabronan con sus bultos a cuestas, se sienten burlados, estafados y les mandan a los soldados para contenerlos. Aquí la gente, cuando se encabrona, se encabrona y estos días anda muy encabronada con el gobierno. Hoy ha sido un día de dinamitazos callejeros, en Oruro y Potosí sobre todo, las defecciones del MAS son cada vez más notorias. Estos asuntos me interesaron mucho hace años, ahora me interesan algo menos. Mis amigos cochabambinos hablan de política mientras arrean con los que se llama “platillos de la tarde”, es decir, contundentes platos de manos de cerdo, menudencias, costillar de cordero, ajís de lengua o de fideo, una forma de no llegar hambrientos a la noche… Cochabamba, la ciudad de la que se dice que se come sin tregua de la mañana a la noche y donde, dicen, dicen, es mal negocio poner una farmacia: “Aquí eses es un mal negocio, la gente no enferma, come, come…”, le oí decir a un pícaro redomado dedicado a la hostelería.

LO QUE NO HAY QUE DECIR

Imagino que no hay que ser muy listo ni un adivinador profesional del porvenir para darse cuenta de que este poema le va a traer complicaciones a su autor. Habrá aplausos y habrá insultos y reproches ad hominem, eso seguro. Ya es cosa sabida que las críticas a las actuaciones del estado de Israel, no de “los judíos”, son tachadas de inmediato de antisemitismo, algo por lo que casi nadie quiere pasar. Grass ha escrito lo que muchos piensan y no se atreven a decir, y por eso se le elogia.  Yo no sé si las cosas son como las dice el premio Nobel alemán y si mi información sobre el asunto es tendeciosa, deficiente, destinada a crearme una opinión que beneficie a una de las partes en liza… yo no sé quién y como manipula la información que recibo de asuntos que suceden lejos y me invitan a tomar partido de inmediato.
LO QUE HAY QUE DECIR
Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor…
digo lo que hay que decir.
¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.





AMBIENTE

Nunca he conseguido sacar una buena fotografía de los puestos de chifleras del mercado La Cancha, de Cochabamba, y no será por no haberlo intentado. Lo intenté por lo legal, pero se encabronaron y en plan furtivo hay mala luz.
Me he fijado que en el ambiente de las brujerías y encantamientos (diría Cervantes), de los saberes tradicionales (te dirán los que comen de ello), hay aunténtica obsesión con esa pasión triste, a la que se culpa de toda clase de golpes de mala suerte, de reveses, cuanto más inexplicables, mejor.

EN LA COLA DE AEROSUR

COMO me dijeron que no me preocupara, he pensado que lo mejor era preocuparse y acudir a Aerosur lo más pronto posible. Es tremendo lo que puede uno angustiarse escuchando y propalando rumores en una cola que se recocía al sol. Ni una sola noticia tranquilizadora, al revés, los peores augurios: nos van a dejar tirados en Buenos Aires, hay que irse por tierra (cosa que me ha recordado al general Melgarejo que pretendía cruzar el Atlántico “con vuelta”), un periódico de Madrid dice que la empresa ha quebrado, que nos devuelvan la plata y nos vamos por otro lado… Claro que cuando ves en la calle grupos familiares con sus maletas y bultos porque han ido al aeropuerto para comprobar que no había vuelo, pues no es lo mejor para tranquilizarse… Había gente que tenía que estar hace más de una semana en su puesto de trabajo en España y temían por él, porque tal y como están las cosas cualquier excusa es buena para perderlo… Dramas laborales, dramas familiares, angustias… Incluso he visto en la cola a un viejo líder minero del troskismo histórico, experto en reubicaciones (a fin de cuentas la idea de convertir a los mineros en cocaleros del Chapare fue suya), que habiendo sostenido la resistencia minera de Llallagua/Siglo XX, se le veía perdido en la furia del quedarse en tierra.
“¿De dónde es usted? ¿Español? ¿Se habrá desilusionado de Bolivia? ¿No? Tendrá negocios entonces.”
Cuando me he ido, con mi nueva promesa de vuelo en la mano, he dejado atrás una nutrida cola que la policía mantenía a raya.
Aquello no estaba para bromas… Y veremos como acaba. Yo no voy a estar tranquilo más que el día que me asome al río Baztán, junto al puente de Txokoto.