AL DÍA

Leo distraído noticias de allí: esa escalada del autoritarismo, ese culto del principio de autoridad, esa voluntad represiva que en breve alcanzará a los medios de expresión, de eso estoy seguro, dentro de poco todo será atentado contra la autoridad, pero estoy atrapado en las noticias de aquí, en una nueva suspensión de vuelos que me tiene bloqueado en Cochabamba, sin pensar en otra cosa que en salir de Bolivia como sea. Eso te absorbe y obsesiona. Y eso que lo tuyo, comparado con lo de los inmigrantes que han perdido su trabajo en España por no acudir a su tajo, es nada, pero nada de nada. Se encabronan con sus bultos a cuestas, se sienten burlados, estafados y les mandan a los soldados para contenerlos. Aquí la gente, cuando se encabrona, se encabrona y estos días anda muy encabronada con el gobierno. Hoy ha sido un día de dinamitazos callejeros, en Oruro y Potosí sobre todo, las defecciones del MAS son cada vez más notorias. Estos asuntos me interesaron mucho hace años, ahora me interesan algo menos. Mis amigos cochabambinos hablan de política mientras arrean con los que se llama “platillos de la tarde”, es decir, contundentes platos de manos de cerdo, menudencias, costillar de cordero, ajís de lengua o de fideo, una forma de no llegar hambrientos a la noche… Cochabamba, la ciudad de la que se dice que se come sin tregua de la mañana a la noche y donde, dicen, dicen, es mal negocio poner una farmacia: “Aquí eses es un mal negocio, la gente no enferma, come, come…”, le oí decir a un pícaro redomado dedicado a la hostelería.
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