Liquidación por derribo 2

El amigo Matías Crespo, me escribe a propósito de Liquidación por derribo 1, y del libro de la Lucía Echevarría publicado por Planeta, y me dice: “Creo recordar una conversación, telefónica, por aquellas fechas. Asco de gentes, de agentes más bien” Y yo le contesto:

“Sí, reconfortantes conversaciones aquellas, y asco de agentes literarias. No he conocido ninguna buena. Las dos últimas, Laure Mérle d’Aubigné y Antonia Kerrigan, me hicieron dos buenas marranadas. Pero estas son cosas que pueden pasar, sin más.
Eso sí, tengo la sospecha, si no la certeza,  de que si esta situación hubiese sido al revés, si a mi se me hubiese ocurrido publicar Liquidación por derribo después del libro de la Echevarría, se me habrían echado encima.
Insisto, cosas que pasan.
Pero por decirlo todo. Los de editorial Albernadia, Ignacio Múgica y Jorge Giménez, a quien por Txingudi llaman Galimartxo, por los aires que se da, son de esas gente que lamento profundamente haber conocido.
Publicar con ellos ha sido uno de los mayores errores que como escritor he cometido, algo parecido a echarse una soga al cuello y de seguido lanzarse a volar e ir cantando “¡Volando, volando…!”… Hasta que, ¡tchac!… comme au petit matin, que cantaba Léo Ferré…
Liquidación por derribo, la mía, o así la vivo, porque a cierta edad, uy, a cierta edad si no puedes hacer, porque no te atreves o porque no puedes (el ciudadano del mundo suele olvidar las leyes de extranjería, inmigración, policía, bancos, sanidad… de carcajada) lo de Mateo Alemán, que se pasó a Indias con 62 tacos de su tiempo, 1608, entonces calla, no alborotes y filosofa en tu rincón, en medio de tu ruina, una más en la ruina general y etcétera… y como mucho consuélate  mirando como un hamster metido en una jaula de plástico da vueltas y más vueltas dentro de una ruedecita, también rosa o negra o ramillete, pero ruedecita y de plástico, ras, ras, ras… hasta que la muerte los separe.

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