Rosana Ubanell y Pamplona

Leo a la Oliveira, periodista de Diario de Noticias a la caza de titulares de impacto, provista de un fino olfato para los aires del tiempo: “Rosana Ubanell periodista también y escritora: “He pensado en crear un detective pamplonés para poner a la ciudad en el mapa literario”. ¿Prepotencia o estupidez? Las dos cosas. El mundo visto desde Miami es muy distinto a como se ve y se vive desde la cuadrícula de las calles de Pamplona y desde ellas se escribe: hay unos cuantos escritores que ya han puesto a Pamplona en el mapa literario… A propósito… ¿Quiere decir eso que Pamplona no está en el mapa literario? ¿De qué mapa literario habla la Ubanell? Va a tener razón. Hay un mapa literario que ella conoce bien y lo que en él no está, no existe, y esa ciudad de todos los demonios en ese no está. ¿Quién dibuja ese mapa? Los escritores no, desde luego. Lo dibujan los directores comerciales de las editoriales, auténticos afinadores del gusto, los columnistas vendidos a los agentes de promoción por un rato de buen rollito, por estar donde hay que estar, los profesores que dicen este sí y este no, los agentes culturales que crean un ambiente cultural sostenido por listas negras de excluidos a priori. Esa novela policiaca que pone en el mapa literario a una ciudad, a un país, es una añagaza para ocultar la podre que en ella o en él bulle, un ejercicio acrítico de complacencia y un cebo turístico, muy legítimos todos, si de hacer caja se trata. Me resisto a creer que una ciudad entre en «el mapa literario» gracias a un detective construido sobre patrones previsibles y solo así. ¿Qué es el mapa literario? ¿Qué le pedimos a la literatura?
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2 pensamientos en “Rosana Ubanell y Pamplona

  1. Había leído esta mañana en el periódico ese titular, pero no me había molestado en profundizar. En realidad, con tu fino análisis, expresas cómo han funcionado (y funciona) esa Cultura de la Transición, esa memoria desmemoriada dirigida desde los despachos y las rotativas -esto se aplica también a la otra entrada que has escrito sobre la monarquía, su corte y cohorte-. Todos sabemos lo que ha significado eso. Sobre todo porque pasados los Pirineos dejan de tener validez miles de palabras impresas, dichas y pagadas a este lado.

    Lo del mapa literario es cojonudo, escrachante. Las pirañas literarias, las sardinas bravas en conserva, el arquitrabe de J. Gil de Biedma pasado nuevamente por la estupidez…

  2. Para mí, y siento decirlo, lo más triste es el trabajo de la periodista que no pone en cuestión las necedades que oye, sino que participa de ellas al limitarse a servir de correa de transmisión. Me hace ver que el progresismo del medio hace aguas por algunos sitios, que en esta comunidad sigue imperando el “buen rollito” y bienquedar y el no indisponerse y que las actitudes críticas ess para el gato o para el colaborador exterior. Y el periódico debería “mojarse” más a fondo en algunas cuestiones de política cultural, ser más crítico, tener un norte, una aspiración clara… No se puede estar en contra de esa cultura de consumo que está destrozando las librerías, los habitos de lectura, las editoriales que publican literatura o ensayo extrageográfico si se hace publicidad o información acrítica de quien y quienes lo provocan o sostienen. Pero estoy pidiendo peras al olmo, vivimos en un pueblón… y en Madrid las cosas tampoco son muy diferentes.

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