Cultura… ¿republicana?

Hoy toca ir a hablar de “Cultura y República”, algo de lo que no sé nada porque no puedo saber nada. No he conocido ese régimen más que en el papel. Solo puedo especular.
La cultura republicana de hace ochenta años no creo que sirva más que como referencia ideal o de manera libresca. Yo no la viví, solo sé que la sociedad española que tuvo aquel régimen no es la misma ni por asomo.
Aunque… «Los Ministros del Real Despacho, en aquellos amenes isabelinos, eran siete fantoches de cortas luces, como por tradición suelen serlo los Consejeros de la Corona de España», Viva mi Dueño, Ruedo Ibérico.
En amenes estamos, que es algo que tiene de defunción como de salida y de respiro. Solo que no veo yo ahora a un Valle-Inclán, aunque he visto muchos Barojas, más ahora en que cunde el ni con unos ni con otros, que es la postura elegante, la del diálogo por encima de todo, a sabiendas que no lo hay, y se apuesta por esa Tercera España que no mancha porque de entrada a nada compromete, pero que permite aspirar a beneficiarse del resultado.
No veo desde luego a un Sender ni a un Max Aub en el panorama, aunque sí pueda ver gente que  desde la cultura de otros gobiernos del PP no le haya hecho ascos a la falange del verso y de la pistola, y a los marcianos si de recibir algo a cambio se tratara: el estado como Momio. Es una cultura y con esa cultura se debería acabar, aunque sea difícil.
No sé lo que podemos tener ni lo que podríamos tener con un cambio de régimen que estimo necesario, sé lo que tenemos y eso no me gusta nada, me subleva, y me parece motivo suficiente para el cambio de régimen: una cultura de apoyos oficiales que se mueve por el amiguismo y el clientelismo, de manera que la disensión queda excluida, salvo que se convierta en bufonada y en circo; un panorama cultural dominado por los grandes grupos de comunicación de masas que arrollan cualquier otra opción; una cultura de consumo inmediato hecha  de “mapas”, literarios, artísticos, cinematográficos (y no excluyo los académicos) , en la que solo entra lo “comercial”, lo idóneo, lo que no resulte conflictivo ni de lejos, lo que genera público a priori, una degradación de la enseñanza pública y un convertir la educación en un negocio al alcance de una casta…
¿Se puede cambiar esto? Si no se intenta, no lo vamos a saber nunca y si, a cambio, no ofrecemos algo que sea atractivo, no merece la pena. Hoy es necesario el testimonio, el alegato, pero mañana no todo puede consistir en eso: fantasía necesaria frente a antipático adoctrinamiento. Un cambio de régimen supone enfrentarse a nuestras contradicciones y carencias más profundas. Es un reto y este supone un riesgo: y yo no sé si escribir sin riesgo merece la pena, aunque te la pegues bien pegada.

 

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Un pensamiento en “Cultura… ¿republicana?

  1. Pones el dedo en la llaga y, como bien apuntas, es difícil construir una nueva cultura o nuevas culturas (¿por qué no en plural también?). Por un lado criticamos todo aquello que se viene abajo de forma inexorable y que pide nuevos aires. Por otro lado tenemos que pensar también en positivo para construir cosas nuevas, sobre todo la cosa pública. Pero, y en eso aciertas de pleno, es difícil porque se ha instaurado la Cultura de la Transición como único polo con sus fetiches difíciles de remover: monarquía, terrorismo, bipartidismo, liberalización económica, estructuras jerárquicas y verticales, desmemoria histórica, etc. En cada uno de esos temas hay que seguir trabajando e instaurando un nuevo vocabulario y un nuevo modo de hacer. Así lo veo yo al menos. El lado bueno de todo esto es que algunas cosas se están moviendo mucho. El suelo se mueve, las placas tectónicas del mapa se desplazan, se abren grietas en el arquitrabe del edificio institucionalizado.

    Jaime Gil de Biedma: El arquitrabe

    EL ARQUITRABE

    (Andamios para las ideas)

    Uno vive entre gentes pomposas. Hay quien habla
    del arquitrabe y sus problemas
    lo mismo que si fuera primo suyo
    —muy cercano, además.

    Pues bien, parece ser que el arquitrabe
    está en peligro grave. Nadie sabe
    muy bien por qué es así, pero lo dicen.
    Hay quien viene diciéndolo desde hace veinte años.

    Hay quien habla, también, del enemigo:
    inaprensibles seres
    están en todas partes, se insinúan
    igual que el polvo en las habitaciones.

    Y hay quien levanta andamios
    para que no se caiga: gente atenta.
    (Curioso, que en inglés scaffold
    signifique a la vez andamio y cadalso.)

    Uno sale a la calle
    y besa a una muchacha o compra un libro,
    se pasea, feliz. Y le fulminan:
    Pero cómo se atreve?
    ¡El arquitrabe!

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