Patio de Caballos, de José María Iribarren

patio de caballosSiguiendo con lo narrado por Manuel Iribarren, estas líneas escritas sobre el testimonio de José María Iribarren, en un texto, “Aquella noche”, recogido en Patio de caballos (1952), en el que da cuenta de cómo le tocó la “papeleta” de atender como abogado a un condenado a muerte, en una fecha que no puedo precisar, pero no antes de 1937. El director de la prisión le avisó diciendo que tenían “función”:
“Las conversaciones, habituales hasta muy tarde, en la tertulia volante del taller de Amalio Salaverri, en la calle Ansoleaga, tratan de lo de entonces, del Movimiento, de lo que se hizo y dejó de hacer y ahí se cuenta cómo había que instruir a aquellos novatos en el arte del descabello, porque menuda papeleta, porque era una papeleta, solo eso, una papeleta, inoportuna por supuesto, de la que era culpable la víctima: «Que no se líen a tirar todos a la cabeza; que es horrible cómo los dejan. Les destrozan el cráneo y luego andamos locos, recogiendo… Porque hay que meter todo en la caja…» y hay que avisar a los que llevan la caja que pongan abrazaderas porque si no con la sangre que cae «ya sabes, nos ponemos perdidos». [El Escarmiento, p. 443]
Yo me pregunto cómo leerían los pamploneses, y los navarros en general, de 1952 (o de un poco antes) aquellas páginas tremebundas sobre algo que había pasado en las puertas de su ciudad. Aquellos vecinos que, como el propio Iribarren, habían oído las descarga y los tiros de gracia desde sus casas.

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