San Hombre, de Manuel Iribarren

san hombre

Manuel Iribarren, el fino poeta y prometedor escritor […] cuando se puso a dar su explicación del alzamiento, calificó la muerte de Medel nada menos que de «justo y necesario asesinato». El novelista Manuel Iribarren estaba de parte de los verdugos por una cuestión de ideología y de creencias religiosas. Rafaelito Conte decía que su mayor logro narrativo era su  novela San Hombre,  de 1943, armada en torno al fusilamiento del hijo que le salió rojo a un meapilas de la Pamplona menestral. Relata, en 1942, muy bien cómo se desarrollaban los fusilamientos de la Vuelta del Castillo y la presencia en ellos tanto del “elemento femenino” como de los hermanos de la cofradía municipal de Paz y Caridad, “que en el curso de la guerra ascendieron a una veintena de hermanos” (p. 143), que también estuvieron presentes en el crimen de Valcardera, el 23 de agosto de 1936, esto es, con pleno conocimiento tanto del Ayuntamiento como del Arzobispado.
“A través de la ventanilla reparó, con desagradable sorpresa, en un grupo de muchachas que, con la mantilla en la mano se dirigía apresuradamente al lugar de la ejecución. Era éste una pequeña explanada –a la que conducía un torvo reducto– aneja al recinto fortificado de la ciudadela. Amplios fosos la separaban de los bastiones. […] Conducido al punto señalado, sus ojos descubrieron una muchedumbre de espectadores, en los que predominaba el elemento femenino.” [Página 151]
Manuel Iribarren da algunos detalles de la ejecución que recuerdan lo relatado por otro Iribarren, José María este, en una crónica publicada en Patio de caballos, que utilicé para el capítulo “Descargas a conciencia”, en el que se habla de la ejecución de la que fue testigo Pedro Laín Entralgo en agosto de 1936, en ese mismo lugar. Laín también destaca el “elemento femenino”. Pero en las descripciones de los  dos Iribarren hay ciertas similitudez o coincidencias que hacen pensar en qué o bien Manuel estuvo presente, no así José María que estaba fuera de Pamplona, o que un hermano de Paz y Caridad les contó con detalle una ejecución:
“Valiéndose de palas de madera, los hermanos de la Paz y Caridad recogieron cristianamente en un cubo de serrín las salpicaduras de la masa encefálica”. [Página 152]

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