El vuelo de Evo

1373122180_0Imagino que allí, con cohete sanferminero de por medio o sin él, con ikurriñas o sin ellas, el vuelo del presidente Evo Morales habrá empezado a ser agua pasada, pero aquí desde donde escribo, no, ni mucho menos. El agravio, estratégica y perfectamente planificado, contra el presidente de Bolivia es algo vigente y lo va a seguir siendo en los próximos meses. Esta historia no ha acabado ni para el MAS, el movimiento que sostiene a Morales, ni para la oposición.
Atropello, acto de hostigamiento y de desprecio, atentado criminal, vergüenza, trato intolerable, prepotencia y alarde de doble moral, imperio de la fuerza contra el de la legalidad… A gustos.
El otro día le escuche a Evo Morales contar lo que sucedió en Viena cuando el embajador español se acercó al avión presidencial boliviano en compañía de dos funcionarios y pidió registrar el avión. Petición que le fue denegada. Más tarde solicitó subir a bordo para “ver el avión”, como quien ve el chalet y tomarse de paso un cafecito, algo que le fue denegado porque su intención marujona de husmear estaba clara, y finalmente el embajador español le dijo a Morales que tenía al habla al ministro de asuntos exteriores, a lo que el presidente boliviano respondió que si alguien quería hablar con él, que fuera el presidente de gobierno, Rajoy. No hubo caso. (Sigue, artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 7.7.13, aquí enlazado)

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