Andanzas neofranquistas

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El artículo lo publicó Joseba Santamaría en Diario de Noticias, de Navarra, el pasado día 3. Lo acabo de leer y aquí lo traigo. Cuando apareció estaba lejos de ese monumento al crimen:

Hace una semana se cumplieron 77 años del asesinato de 50 ciudadanos navarros en la corraliza bardenera de Valcaldera tras ser sacados de la Cárcel de Pamplona. Sus restos, como los de otros cientos de navarros y navarras desaparecidos impunemente en la ola de terror que siguió al golpe franquista que dirigió Mola desde Pamplona, siguen sin aparecer. Se saben, eso sí, los nombres de algunos de los asesinos que participaron en aquella matanza.

Todos ellos impunes, y ni siquiera la publicación de esas listas de apellidos de asesinos parece conmover las conciencias de quienes en el pasado franquista, y ahora mismo, contemplan aquel terrible genocidio de más de 3.000 navarros sin juicio y sin guerra como un accidente de la historia.

La complacencia del revisionismo político actual con los hechos que ocurrieron en las semanas que siguieron al llamamiento de Mola a extender el terror hasta el último rincón de Navarra indigna tanto como angustia. UPN y PP se siguen negando a condenar el terrorismo franquista y los 40 años de oscura noche que impuso. Leer El Escarmiento de Miguel Sánchez-Ostiz como otros relatos antes resulta en varios de los episodios que relata, en la descripción de los personajes asesinos y sus alardes de fanfarronería beata y macarra, muchas veces insoportable.

Estaban allí, con sus correajes, pistolones y rosarios, muchas veces acompañados de fariseos alzacuellos que participaron cómplice, cuando no entusiastamente, en aquella matanza colectiva. Y al mismo tiempo, se suceden las imágenes de miembros de las derechas alardeando de sus convicciones franquistas. De dirigentes y cargos públicos no solo defendiendo aquel negro régimen de terror, caspa, santos y miseria económica y cultural, sino publicitando homenajes y premios a la simbología y personajes que ensalzan el franquismo.

Inconcebible que en Alemania se homenajeara a activos defensores del nazismo, que cargos políticos justiticaran públicamente las matanzas nazis, que hubiera monumentos dedicados al enaltecimiento histórico de cualquiera de los gerifaltes nazis.

En el Estado español todo eso es cada vez más habitual. Incluso se va calando con lluvia fina de aire de normalidad y hasta de orgullo. Todo ello, como enaltecimiento del terrorismo golpista, debiera ser ilegal y delito penal. Pero el nuevo revisionismo plácido de los sectores neofranquistas impone mirar para otro lado. Un revisionismo negro de la historia que solo supone una discriminación injusta (que debiera abochornar a quien la práctica) que no merecen los familiares de quienes han sufrido, como víctimas de la dictadura franquista, el dolor, la marginación y el olvido social durante décadas.

Ya lo he escrito, pero insisto; por la dignidad de la memoria de esos miles de navarros víctimas inocentes de un exterminio terrorista planificado, organizado y ejecutado en la total impunidad es insostenible la permanencia de los restos de Mola, el principal instigador de ese genocidio en un mausoleo dedicado a su memoria en el centro de la vieja Iruña. Las instituciones, y el Arzobispado, son los responsables de semejante bochorno ético. Es una cuestión de dignidad humana y democrática.

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