A Cristo…

migrantes… le vas a ir a hablar de clavos. He recordado esta bárbara frase cuando me he sorprendido hablando de  las dificultades (calvario) que impone la policía de Inmigración boliviana a unos colombianos que, sin ningún género de dudas, han padecido iguales o peores prodecimientos en este país de Jauja. Del hablar prudente te acuerdas cuando tus palabras no tienen remedio.

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