La trompeta de la fama… negra.

DSC_0028La ciudad en la que la trompeta dorada de la fama debería ser negra… ¿Esta? ¿O todas? ¿O todos los gaches, los pulgueros donde unos viven encima de otros sin remedio ni misericordia, se conocen, dicen, se saben y hasta se tienen agarrados por los huevos por cosas de familia, dicen, y se rebanarían el garganchón -dice el amigo Basurde- si pudieran? Exagera Basurde cuando le da por entonar esta palinodia, como exageraba Cernuda cuando se dirigía a sus paisanos y les reprochaba su malevolencia, o cuando hablaba de aquella cucaracha –Birds in the night– que no le importaría aplastar.  Francisco Nieva, en Carne de murciélago lo dice de Madrid: “… la gente madrileña no soporta un triunfo demasiado evidente de nadie y el triunfo absoluto en Madrid está absolutamente vetado. “Esto no es como París”, dicen con orgullo los madrileños más austeros. “Aquí no triunfa nadie” […] Se lee poco y a regañadientes”… Exageras, Nieva, exageras, como Basurde que sabe de buena tinta y peor trompeta que en su barrio,  no se soporta ni el fracaso, lo que ya es el colmo… nada, lo de la propia cuadrilla, donde el odio y el desprecio de casta y clase son su mejor engrudo, aunque solo sea a ratos, y el escachafamas un personaje inevitable en el guiñol.

Historia de una infamia

5147544577_4256138421Sucedió hace 23 años. Hablé de ello en La negra provincia. Para conocer los detalles de este crimen nunca del todo aclarado, por desinterés judicial y político sobre todo, basta rastrear en Internet. Hay poco que añadir. A Mikel Zabalza lo mataron y lo tiraron al río Bidasoa.
Los habituales de los rasgados de vestiduras, los ecuánimes, callan; callaron entonces y callan ahora. Lo tengo dicho en muchos lugares: a cada cual sus muertos y su trinchera, en esto pocos engaños caben.
¿Dónde está Rodríguez Galindo? ¿Qué tiene que decir el ex ministro Bellocq que lo ascendió a general para ver si los jueces se atrevían a condenarle por el asesinato de Lasa y Zabala? Se atrevieron, aunque ahora este en la calle.
¿Dónde están todos y cada uno de los policías que intervinieron en el crimen? ¿Dónde las grabaciones del coronel Perote y de los otros que estaban en el secreto de lo sucedido y hablaron? ¿Cuál ha sido en concreto y con detalle la actuación de la magistratura en este caso? ¿Dónde han estado y con quién las instituciones?

La detención y asesinato de Mikel Zabalza.


La familia de Mikel Zabalza sigue reclamando que se conozca la verdad

Vendrán por ti…

4DPGeorge Groszict“Aboga por tomar medidas para evitarlo- Barcina ve “sangrante” que “los batasunos se infiltren en los colegios navarros”- La jefa del Ejecutivo foral ha avanzado que propondrá “cambiar el estatuto de la función pública para evitar este tipo de situaciones”.

Sabe que lo que dice es mentira, ella y los suyos lo saben. Si no fuera perverso, podría pasar por un discurso político cretino. La patraña viene orquestada desde Madrid y en este caso nadie de los habituales se rasga las vestiduras. Hace unos años, si en Madrid te echaban encima el sambenito de batasuno ibas dado, te quedabas sin trabajo y hasta tu agente literaria te ponía en la puerta. Eso lo saben de buena tinta los pesebristas del gobierno de Navarra, sus artistas e intelectuales de cámara, los que callan y no hay atropello que no aplaudan. Hora es de decirlo.
El régimen policiaco que ha puesto en marcha esta gente solo es nefasto cuando nos perjudica directamente. No les importa utilizar informes policiales que no deberían estar en sus manos. Y si lo están, ¿en calidad de qué? Y ningún juez interviene porque sin duda lo da por bueno… ¿Medidas? ¿Cuáles? ¿Listas negras? ¿Más? ¿Como en 1936, cuando se represalió a los maestros de las escuelas navarras por ser vasquistas o republicanos? ¿Cuántos colectivos o ciudadanos navarros han sido investigados de esa forma? Un asco. El asco que no cesa. Con esta gente es imposible entenderse, son nuestros enemigos sin remedio.

La Dulce Venecia (Diario volátil)

P1050002Estaba ahí hace nada y Ramón Irigoyen, a final de los setenta, cuando era vecino encantado del barrio, le dedicó uno de sus poemas de Cielos e Inviernos (1979), para mí uno de los dos grandes libros de poesía de la década de los setenta, el mejor de los de su generación desde luego. Ahora es otra cosa, al local me refiero. La ciudad cambia, tú envejeces, te acomodas como puedes a los cambios, los celebras, pero a oscuras, a puerta cerrada, te quedas traficando con tus recuerdos, confundes las cosas, loqueas y sonríes, porque sabes que en ese territorio eres inalcanzable, creas otro mundo que solo se parece de lejos al que fue, un mundo a tu medida, cada día distinto incluso, que no te pueden quitar. Son las especias intensas de la imaginación las que dan verdadero sabor al plato de grisalla cotidiana: “Soy el portavoz de un mundo perdido, presente para mí”, lo canta con ferocidad Léo Ferré en Et basta! A menudo escucho ese monólogo. Me reconforta… no es poco. Ahora mismo no es poco encontrar algo que te reconforte.

El cazador perplejo

POPE PATISERIA LIPSCANI 1La fotografía, escogida al azar de una riada, la saqué en mayo de 2007, en la Patiseria de la calle Lipscani, en Bucarest, en un rincón en penumbra frente a ese pope que escribía de manera compulsiva y que cuando le gustaba lo que había escrito, daba un deportivo gritito de alegría y se echaba, goloso, un trago de cerveza…  ¿Y? Y nada. Una sombra en la penumbra.
Viene esto a cuento de algo que escribo entre la perplejidad y la incredulidad. Hace unas semanas me di cuenta de que mi ordenador estaba la límite de capacidad. Al poco de enredar vi el motivo: más de 116.000 fotografías… ¿Para qué carajo quiero yo 116.000 fotografías? Para nada. Vahídos, un vértigo nada poético. He pasado demasiadas horas borrando y borrando copias de copias, series enteras… hasta lo que no tenía que haber borrado. Una pregunta a la que no he sabido responder: “¿Y esto para qué demonios lo saqué?”  La fotografía ha sido para mí un cuaderno de notas de la mirada perezosa. Algo así. No tengo tiempo para repasarlas una por una. ¿Por qué las he sacado? Por manía, sin duda. La manía de intentar atrapar lo fugaz, lo volatil, una luz, un rostro, escenas que me parecían pintorescas o memorables… un yo qué sé. Atrapar más que retener. Cazador, y encima furtivo. Capturar sombras para nada porque luego las imágenes raras veces me han servido para algo que se viera.  Cada vez que he escrito de un viaje no me he apoyado en las fotografías, sino en las  notas o en los recuerdos. Las imágenes, esas que dicen que valen más que  mil palabras –sí, sí, dale, dale hasta que pierdas estas y te quedes lelo–, me han producido una pereza insalvable. No soy fotógrafo, soy escritor.
Ayer salí de casa sin la cámara en el bolsillo. Dejando a un lado que no está en condiciones, me estoy todavía acordando de las luces de una tarde de otoño, con sol y nubes, en la sierra de Sarbil, en el Perdón, en Montejurra, en los montes de la Rioja… y me digo con susto que de haber sacado la cámara ni me acordaría ahora de esas imágenes ni muy probablemente las habría repasado jamás.

En manos de bellacos

 Wounded soldier - otto dix

Puede que sean cínicos, pero bellacos desde luego. Un portavoz del PP  invita a informarse antes de criticar la nueva Ley de Orden Público, de resabios algo más que franquistas, que ellos llaman de Seguridad Ciudadana… No, bandarra, no, cursa esa invitación a los ya apaleados, abusados, maltratados, multados: a todos los que han padecido la impunidad policial. Un ministro del Interior, maniaco religioso, miembro de alguna secta, que con pachorra dice que su ley permitirá no multar más, sino mejor, algo que no hay quien no traduzca por «más y mejor», y un presidente de Gobierno, bajo cuyo mandato la patraña se ha institucionalizado, que dice la mordaza, el amedrentamiento social, la indefensión ante los abusos policiales o burocráticos nos hará libres, más libres… y lo peor es que los que, de la manera que sea, padecemos esos abusos, aquí seguimos, burlados, sin poder digerir el exceso de malas noticias,  arrimados a una hoguera virtual de basuras y, como mucho, pensando en un sillón parlamentario para nosotros o los nuestros y jugando con cartas marcadas… el cambio social que quede para mejor ocasión.

José Hernández

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José Hernández, un pintor para mí de referencia del que supe por una exposición que hubo en Pamplona, en 1974. Desde ese año me acompaña un grabado de un prelado podrido que el tiempo ha ido oscureciendo. ¿Mundo tenebroso el suyo? Es posible, pero ese es un motivo válido para que me guste su obra. Antes se decía «onírico» hasta que este perezoso adjetivo del no saber qué decir quedó devaluado, sin contar con que por fortuna esos monstruos no espantan nuestros sueños, sino más bien nuestras vigilias, nuestra plena luz ahora mismo: monarcas y prelados agusanados, bandidos de aparato a los que los oropeles apenas pueden esconder la podre que les sostiene, estancias ruinosas que parecen ser su reino… monstruos, y no de la razón, sino del poder, de la tara hereditaria, de la malevolencia que parece ir aparejada al poder de la fuerza y el dinero. Sugerencias, sin más. A cada cula, las suyas. Casi mejor quedarse en la impecable ejecución de la obra, en lo onírico, en el realismo algo, no sé, algo, pero realismo o en lo fantástico a secas, lo que gusten, pero el monarca podrido, el prelado felón, el uniformado cruel y abusivo, el banquero que roba y mata, el sayón y el lacayo que hacen el trabajo sucio del amo, ya estemos dormidos o despiertos, están ahí, a lo suyo.

Los libros del Portal de Francia

DSC_0027Los libros del Portal de Francia es una librería imaginaria que aparece en mi novela El Escarmiento. Quienes se han molestado en ir hasta el lugar de la ciudad al que hace referencia su nombre para verificar de qué comercio en concreto se trata, podrían haberse dado cuenta de que el lugar señalado de manera clara en mi libro, está cerrado. Por eso precisamente abrí en él una librería, negocio ruinoso hoy día: aquellas que han contado en nuestra vida han cerrado o naufragan de mala manera.  En Pamplona es inútil plantear juegos literarios. Si escribiera Caperucita roja, estoy seguro de que alguien me encontraría enseguida a la abuelita y al bosque. Lo mismo sucede con la casa de Antton Basurde, que desde que apareció la novela ha dejado de existir y está en rehabilitación por lo que Basurde, de momento, se ha trasladado con todo su museo a otra parte, como se contará en El botín. Imagino que cuando termine Biargieta pasará lo mismo con ese barrio que aparece (ya en No existe tal lugar) entre dos luces y más de uno irá buscando escenarios y personajes que solo existen en mi imaginación por mucho que me haya inspirado en otros vividos, tratados y padecidos.
coquetoEl caso es que en esa antigua Rúa de los Peregrinos tengo dos buenos amigos, uno librero de viejo, otro brocante bravo. Nos conocemos de toda la vida como quien dice. El librero me hizo ayer un regalo para mí precioso: esa edición de 1938 de El coqueto don Sancho Sánchez, libro que para mí tiene una significación especial por motivos personales y que yo leía de niño porque identificaba los escenarios del libro con otros bien precisos que me eran muy familiares, y con razón, pues en ellos vivía: mi abuelo paterno tenía buena relación con Biurrun, el autor de esa fantasía que ilustró A. M. Pascual y situó la pie de las torres de San Cernin. Lo cuento en Los barruntos de la botica, ensayo que acompaña la edición fasimilar del libro de Biurrun y que hoy escribiría en otro tono y otra dirección, desde luego. Ahora no sé yo si está el tiempo como para fantasías literarias. Tampoco lo estaba en 1938 cuando se publicó el librico. ¿Para qué está ahora el dichoso tiempo? ¿Para el alegato y la apuntación fiscal, para la rebelión escrita, para el libelo,  para el testimonio de la mugre, para defenderse de una agresión constante? A esto cada cual responderá como pueda y quiera. Sé para qué está para mí y con eso me basta.

Perplejidad

efe_20131118_133247_pa0771_17763_1Juicio en Madrid por los tartazos que recibió la Barcina en Toulouse como protesta por las obras de un TAV que solo benefician a la casta de la industria del hormigón afín a la enmerengada. ¿Agresión? La que buena parte de la ciudadanía recibe a diario por parte de gente que, como ella, la tiene sometida.
Los acusados se defienden como pueden y la andoba reclama, eso dice, altiva, reclama justicia, cuando en realidad pide venganza y escarmiento. Salió mal parada del incidente, quedó mal con su cara de Augusta improvisada, y lo sabe, y para esta gente el quedar es lo primero, la justicia según y como, según con quien o para quien. Ahora muestra su perplejidad… ¿Perplejidad? ¿Ante quién? ¿Por qué motivo? ¿Porque los acusados no han sido presentados en la sala del juicio con capirotes y sambenitos?… Perplejidad la que sentimos los que estamos en contra de este juicio político. Algo más que perplejidad incluso. Cuando en Francia, lugar donde se produjeron los hechos estos constituyen como mucho una falta, aquí se piden cuatro años de cárcel. Perplejidad porque la magistratura ha impedido de manera política que se investigue a fondo el asunto de las dietas abusivas e indecorosas cobradas en el arrebuche del desmantelamiento de la Caja de Ahorros de Navarra y cuando frente a esos cuatro años de petición fiscal, el desastre del Prestige acaba de manera burlesca en agua de cerrajas… hilillos de chapote, decía el bandarra, algo más que hilillos, mierda a pozales.

Cerrado

DSC_0004Hay que ir acostumbrándose a encontrar ese cartel en comercios “de toda la vida” y en los que no lo eran; en comercios y en escenarios de tu vida. Cuando lo ves das un paso hacia adelante y enseguida dos para atrás, los de la melancólica incredulidad, que ha ido poco a poco dejando de ser meláncolica y convirtiéndose en una amenaza: acabarás llevando el cartel pegado en la frente.