José Hernández

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José Hernández, un pintor para mí de referencia del que supe por una exposición que hubo en Pamplona, en 1974. Desde ese año me acompaña un grabado de un prelado podrido que el tiempo ha ido oscureciendo. ¿Mundo tenebroso el suyo? Es posible, pero ese es un motivo válido para que me guste su obra. Antes se decía «onírico» hasta que este perezoso adjetivo del no saber qué decir quedó devaluado, sin contar con que por fortuna esos monstruos no espantan nuestros sueños, sino más bien nuestras vigilias, nuestra plena luz ahora mismo: monarcas y prelados agusanados, bandidos de aparato a los que los oropeles apenas pueden esconder la podre que les sostiene, estancias ruinosas que parecen ser su reino… monstruos, y no de la razón, sino del poder, de la tara hereditaria, de la malevolencia que parece ir aparejada al poder de la fuerza y el dinero. Sugerencias, sin más. A cada cula, las suyas. Casi mejor quedarse en la impecable ejecución de la obra, en lo onírico, en el realismo algo, no sé, algo, pero realismo o en lo fantástico a secas, lo que gusten, pero el monarca podrido, el prelado felón, el uniformado cruel y abusivo, el banquero que roba y mata, el sayón y el lacayo que hacen el trabajo sucio del amo, ya estemos dormidos o despiertos, están ahí, a lo suyo.

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