El cazador perplejo

POPE PATISERIA LIPSCANI 1La fotografía, escogida al azar de una riada, la saqué en mayo de 2007, en la Patiseria de la calle Lipscani, en Bucarest, en un rincón en penumbra frente a ese pope que escribía de manera compulsiva y que cuando le gustaba lo que había escrito, daba un deportivo gritito de alegría y se echaba, goloso, un trago de cerveza…  ¿Y? Y nada. Una sombra en la penumbra.
Viene esto a cuento de algo que escribo entre la perplejidad y la incredulidad. Hace unas semanas me di cuenta de que mi ordenador estaba la límite de capacidad. Al poco de enredar vi el motivo: más de 116.000 fotografías… ¿Para qué carajo quiero yo 116.000 fotografías? Para nada. Vahídos, un vértigo nada poético. He pasado demasiadas horas borrando y borrando copias de copias, series enteras… hasta lo que no tenía que haber borrado. Una pregunta a la que no he sabido responder: “¿Y esto para qué demonios lo saqué?”  La fotografía ha sido para mí un cuaderno de notas de la mirada perezosa. Algo así. No tengo tiempo para repasarlas una por una. ¿Por qué las he sacado? Por manía, sin duda. La manía de intentar atrapar lo fugaz, lo volatil, una luz, un rostro, escenas que me parecían pintorescas o memorables… un yo qué sé. Atrapar más que retener. Cazador, y encima furtivo. Capturar sombras para nada porque luego las imágenes raras veces me han servido para algo que se viera.  Cada vez que he escrito de un viaje no me he apoyado en las fotografías, sino en las  notas o en los recuerdos. Las imágenes, esas que dicen que valen más que  mil palabras –sí, sí, dale, dale hasta que pierdas estas y te quedes lelo–, me han producido una pereza insalvable. No soy fotógrafo, soy escritor.
Ayer salí de casa sin la cámara en el bolsillo. Dejando a un lado que no está en condiciones, me estoy todavía acordando de las luces de una tarde de otoño, con sol y nubes, en la sierra de Sarbil, en el Perdón, en Montejurra, en los montes de la Rioja… y me digo con susto que de haber sacado la cámara ni me acordaría ahora de esas imágenes ni muy probablemente las habría repasado jamás.

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2 pensamientos en “El cazador perplejo

  1. Dicho sea de paso y sin segundas fuiste recordado en la barra del bar del Hogar del Jubilado de Sartaguda, que es donde echamos un café antes del acto. El paisaje hacia la Rioja estaba glorioso. El acto muy emocionante, al menos para mí.

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