Los tramposos

blackrainPaís siniestro este, caballeros… y señoras, cuando ya «caballero» es un insulto, una máscara del desprecio, una forma de mandarte a tomar por rasca, «caballero», qué asco, el país de la trampa y los tramposos, de los paganos de la farra de los listos, España, un asco de país, media España ocupa(ba) España entera, con la vulgaridad, el desprecio y esa ferocidad frente al vencido y el humillado que solo tiene un pueblo que de la crueldad ha hecho virtud, seña de identidad, signo de distinción: «una juez de Valencia condena a Bankia por vender preferentes a un enfermo de Alzheimer... Si fuera esta la primera vez, pero no, es un sistema, una forma de vivir, el entramado de una sociedad en la que, qué tristeza, el que no corre vuela… ¿Bankia? ¿Y qué hay del tramposo que se la metió doblada al del Alzheimer, y a carcajadas y cobró comisión (bonita) por ello y tal vez lo celebró como un triunfo profesional? Nada. Los tramposos no están ya en la calle, están en la banca, en las instituciones, de la misma manera que los matones están en el negocio uniformado de la seguridad. Campofrío, un asco, otro… chorizos compadreando (2007) con el Cervantes de Bucarest… No tengo la menor idea de por qué y de qué nos reímos. ¿De verdad que somos tan graciosos con nuestras vergüenzas al hombro?

 

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