La Barcina y los hosteleros (allá lejos y hace tiempo ya)

“Yolanda, te estaba llamando yo, sí… es por lo de la comida de los empresarios que hemos organizado… para ver dónde nos ponéis a mi hermano y a mí… y con quién, ¿no?… jajajaja!”, eso le decía un patán pavoroso, europeísta y con aire de padecer una idoacía incurable, a su Yolanda, camino de Fitur, Navarra, genuina, Yolanda, se reverenciaba mientras hablaba, antes de ir a lamerle el culo a una albondiguilla senadora a quien conocimos falangista y chivato de la policía que hoy organiza funerales al general Mola, y a contarle que había que ir a San Sebastián a revitalizar la fiesta nacional en compañía de un notario de la ciudad, que no era el de Joaquín Sabina, y eso que ya no hay matadores, ni raza, a ver si me entiendes (confianzudo, en un aparte), y el senador entendía, cómo no iba a entender, si la Navarra foral y española le había hecho taurino y gastrónomo, mientras un conocido oputarra rezaba el rosario y también era lamido en su ano divino por cliente del comedero (supongo)… No, no, estos no son los sueños de Goya ni la exposición de dibujos de Goñi que había en la Calcografía Nacional, de Madrid, sino un guiñol siniestro en el tren Pamplona-Madrid, entre dos vagones y un endiablado traqueteo… el viajar instruye… y hace trabajar la imaginación… y está visto que, hagas lo que hagas, los monstruos siguen ahí… y tú también, para ellos, o algo peor…. o yo qué sé.

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