Manos de poeta, de Josep Malivern

grunewald1515-hand.jpg?w=671&h=538Al hilo de los funerales nacionales que merecen los poetas, reconocidos como ejemplares e irreemplazables en su muerte, ayer desdeñados entre chanzas, Josep Malivern me envía desde el paisaje mediterráneo del pelotazo estos versos a bote pronto.
Garras y sarmientos
 todas las manos son
 para los poetas.
Manos muertas de vivo,
 y muertos a mano viva
 clamando desde socavones que dicen tumbas
o desde escombros que llaman tierra.
No habrá halcón abatido
para engarfiar tanto mezquino.
Ven viñedos plantados
de añosas manos mutiladas
 bajo un crepúsculo recordado en mil pantallas.
¿Por qué será que yo sólo veo
gente sin manos 
 que aspavientan sus muñones,
 que agitan harapos de esperanza?
Bocas cosidas con la tripa de la mentira
 ensartadas con la aguja del miedo.
Ojos que son semilla 
 de una podre desconocida.
 Eso veo
 y más que ahora callo.
 Mala gallina 
puso un huevo
en mi garganta.
La ilustración es de la crucifixión de Grünewald: el fuego de San Antonio, intoxicación por cornezuelo de centeno (La enfermedad pintada, UIMP, Sevilla 1990, tempuras crujientes y dañinas mores…)
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