Infiltraciones

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A partir de la segunda quincena de agosto de 1936, las nuevas autoridades de los territorios que quedaban en manos de los alzados se ocuparon de manera activa y acuciosa de depurar a maestros y profesores de escuelas y centros escolares acusados de peligrosos extremistas o de nacionalistas, cualquier pretexto bastaba: una denuncia, un informe redactado de manera maligna. Los mismos curas y frailes se sancionaron entre ellos en sus conventos: escolapios, capuchinos… Un tal Nagore fue por las escuelas de Pamplona revisando libros para expurgarlos y ver si se acomodaban a la doctrina social y política del nuevo orden. Viene en el Diario (artículo de fe por tanto). Se sancionaron cientos de maestros. Lo mismo pasó con los funcionarios de la Diputación o de los ayuntamientos. Un caso se me quedó grabado: el del secretario de Basaburua, al que denunciaron, empapelaron y multaron porque el cura del pueblo, en el sermón, había defendido el caserío y la patria vasca (sic). Un buen ejemplo de lo que pasaba entonces… y ahora. Había incluso una pintoresca categoría, la de los volatineros, fácilmente recuperables para la burocracia del crimen organizado (patriótico) porque lo mismo estaban con unos que con otros. A muchos, en Montes, el peor negociado por lo visto, les había sorbido el seso un Urmeneta y por eso eran malos, malos, nacionalistas. Sus nombres están señalados en listas escritas a mano: las peores, de esas no hay quien se escape.

Bien, así las cosas, la Barcina, algo más que pícara, fue a Madrid a echar de comer a una punta de empresarios interesados, como ella, en el bonito juego del toma y daca, y a soltar necedades mañaneras de la mano del infame Fernández, como esa majestuosa, olímpica, propia de quien con desprecio cree tratar con débiles mentales: “Si Navarra se pierde para la causa de la unidad constitucional, el problema de España sería irresoluble”.

Lo peor que tiene esa patraña es la puesta en escena, la solemnidad, el aplomo, el que tal cosa pueda ser aplaudida gracias al clima de unción místico-épico-patriótico que se crea con la andorga y el bolsillo llenos, y la conciencia de clase.

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En realidad la pícara Barcina fue a Madrid a que le dieran algo por cuenta de hablar de manera altisonante del peligro de convertir España en un problema irresoluble, como si eso fuese una novedad, como no lo es que te paguen por echar esas arengas, sermones, discursos de un apocalipsis de bolsillo que siempre redundan en llenar el propio y que es, sin duda alguna, a lo que ella aspira. Es como un chiste tan viejo que en lugar de risa da vergüenza ajena. Fue a infiltrarse también ella, a engarzarse, a hacerse valer delante de los que tienen las riendas de este desordenado carro de heno en el que vamos todos. La unidad de España -sagrada, sagrada, Fernández, que te s’aolvidao el sagrada- sirve para hacer dinero y en su caso para pedir medidas represivas contra todos aquellos que no le gustan y que son ETA porque no le gustan… a ver si nos explicamos porque esto ya lo tenemos muy oído. ETA es un argumento electoral de primera, y si no lo hay, hay que reinventarlo, reavivarlo, que no se apague ese fuego sagrado que puede hacernos ganar o perder unas elecciones, una clientela…, lo dice un pensador de El País con su recio y apretado discurrir, de modo que a tragar.

¿Quién decide quién es de la ETA y quién no? Ella y sus ignotos informadores. Salta a la vista que quieren depurar, expurgar, controlar, adoctrinar… lo de la infiltración es un cuento chino. Sin contar con que hasta ahora mismo aspirar a ocupar puestos públicos reuniendo los requisitos reglamentarios es un derecho no sujeto a otras trabas que las que ella y los suyos imponen: el dedazo, el solemne dedazo, el de Euskalerria Irratia, el de la lotería de puestazos que van a parar a manos de amiguetes. Zafio, realmente zafio.

Resulta grosera la manera en que esta gente anda detrás de organizar una trama de leyes de excepción con las que poder mantener al país en situación de tal, sin causar demasiada alarma, ni siquiera internacional, y anular cualquier conato de disidencia, de rebeldía, de respuesta a su abusivo modelo de Estado o de régimen político. Un día será la educación y otro los medios de comunicación, como ya lo es la ocupación policiaca de los espacios públicos y la reducción del ciudadano a su privacidad en la que vive en libertad condicional y vigilada. ¿Apocalíptico? Sí, mucho. No hace falta ser un adivinador del porvenir para ver lo que tenemos delante de las narices, hoy, y mañana.

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Pero estábamos con los infiltrados. En mi modesta opinión quienes están infiltrados en la Administración son ellos, los de su casta, y no solo en la Administración, sino en toda clase de instituciones y sociedades y negocios públicos o menos públicos, de esos que hacen de lo público algo privado que es, como todo el mundo sabe, el gran negocio. Incluso han venido montando puestos públicos u opacos, casi clandestinos, perfectamente inútiles y asociales por naturaleza para infiltrarse, ellos, sus amigos y sus hijos y los hijos de sus amigos y conocidos y palmeros: una red inextricable de apellidos, parientes, amiguetes, cuadrilleros, deudos… yo qué sé, es del dominio público. En el fondo no se infiltran, se insuflan, como metidos con fuelle por el sielso del asno de oro, se incrustan, se parasitan, sobre todo se parasitan. Solo la desvergüenza personal puede conducir a ignorar esta realidad que ve todo el quiere e ignora el que de la manera que sea aspira a que le den algo, para sí o para sus hijos y para la famiglia de la que forma parte porque aquí todo queda en la famiglia, hasta la Policía. Lo acaba de decir el Fernández en otro alarde visionario propio de quien abusa de vino litúrgico a escondidas. Si el Ejército y la Policía son los garantes de la unidad (sagrada) de España, mal futuro inmediato nos espera, salvo que cierres filas con ellos y te hagas devoto del señor Santiago, como los falangistas de hace más de setenta años.

Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, 2 de febrero de 2014.
Las imágenes corresponden a Ghost, de George Grosz y dos conversation pieces de famiglie sicilianas, una de ellas con cura incluido.

 

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