Con las cartas marcadas

cartas 1ªEsta es la cubierta de mi dietario del año 2013, sacada de un cuadro de Max Beckmann. La he publicado en facebook a modo de respuesta al aluvión de noticias sombrías, sobre hechos indecentes, a las que fuimos teniendo acceso a lo largo del día de ayer, ya de modo rutinario y ofensivo.

A mí modo de ver ese título, ya adelantado en El asco indecible (2013), responde bien a lo más indignante de un presente inmediato que nos zarandea y empuja al comentario a bote pronto, a la respuesta del desahogo, a la queja, al improperio: quienes nos tienen sometidos, más que gobernados, no juegan limpio, al revés, la mentira, la burla, la falta de respeto, la prepotencia y la violencia forman parte de sus reglas del juego. ¿Podemos ir más lejos que señalarlo y compartir nuestra cólera? ¿Para qué sirven nuestros comentarios de alcance a la fuerza limitados en estos espacios marginales, reducidos, que no pasan de ser corros de conjurados?

Con las cartas marcadas tiene poco de diario íntimo o privado;  de “diario volátil” tiene más porque me parece que las noticias sobre todo aquello que hoy padecemos son caducas y los hechos se olvidan por mucho que se hagan rutina. Dejarán un poso de daño y amargura, de eso no me cabe la menor duda, memoria infeliz la nuestra, pero tienen tendencia a esfumarse y a quedar mañana sepultados en las  hemerotecas y  archivos: la actualidad como valor supremo, decía Juan Goytisolo, se renueva de manera tozuda a diario.

Antes ese  panorama, me pregunto cómo conservar un espacio privado, no arrasado por lo público, no perdido en el aluvión de los días de bronca, un espacio de resistencia y reserva: encuentros, lecturas, viajes, paisajes, cosas… ¿Es posible sin mirar para otra parte? ¿Puedes eludir el hacerte estas preguntas cuando tus carencias y limitaciones son ineludibles? No estoy muy seguro de haberlas sabido contestar con claridad y de que sea posible  hurtarle el bulto a esa zarabanda de gritos y de ansias, de cóleras y derrotas  en la que parece que se ha convertido nuestra vida.

Anuncios