Mangoneos humanitarios

13882223075711Asisto con melancólica incredulidad al asunto del mangoneo humanitario de los barcinos en el gobierno, triste, de Navarra; algo que excede las fronteras del podrido reyno porque es un lugar común, un tópico, una aburrición sobre todo, que atañe a un país entero. Hay mangoneo y barcinos por todas partes, con más o menos suerte o pericia a la hora de cobrar pieza en este fabuloso negocio de la pasa política, pero los hay. Un pringue que hay que coger con dos dedos porque apesta: el unto barcinero.

Dicen, hazan también, se acusan, se ponen dignos, declaman, rematan con chulería de estampa goyesca, mienten, con descaro… juegan al tute con cartas marcadas y los demás vamos de mirones, a ver qué barato nos echan por encima del hombro,  incapaces de darle una patada a la mesa y romperles la baraja en los hocicos, porque la violencia, ay, la violencia, ni mentarla, por mucho que ellos la ejerzan con liberalidad.

No me echo las manos a la cabeza ni me rasgo las vestiduras con el mangoneo humanitario que, como bien sabe la pícara Barcina, funciona siempre entre amiguetes, porque a fin de cuentas no han hecho más que actuar en consecuencia, con rigor, con coherencia ética y política, y épica, fieles a sí mismos: cuando uno cree que la cosa pública es particular y que por el hecho de tener un cargo público, esa cosa pasa a ser de tu propiedad y opaca administración, haces y deshaces con ella como te viene en gana, mangoneas, y te pones a dieta, realmente a dieta, hasta que te descubren los vascos que, lejos de provocar tu ruina, te resultan providenciales: la amenaza totalitaria y el riesgo de ruptura de la sagrada unidad de Españan tapa con ventaja su falta de decoro público y privado. Esto es lo que hay con un amplio apoyo social y mediático, no lo olvidemos por favor, que luego vienen los sustos.

Quiero creer que hay vida fuera del barcinismo o del barcinato, o de esta mugre que nos ahoga día a día, pero por el momento aquí andamos, pidiendo dimisiones, destituciones, comisiones, elecciones, algo de verdad, algo, alguien en quien confiar, y cambio, sobre todo pedimos un cambio político que lleve aparejado uno social que responda a esa otra realidad, a ese otro mundo, que se encuentra acogido bajo el manto de los amos del momento. Pero esas peticiones no son escuchadas, o a medias, que es peor, ese cambio no llega, y cuando nos quedamos solos, sin el apoyo de nuestra cuadrilla, pensamos que por muchos esfuerzos que hagamos, por mucho que gritemos o votemos, es posible que ese cambio no llegue o no lo haga como nos gustaría, como lo habíamos imaginado, y seamos una vez más burlados… Navarra será lo que ella decida o lo que los navarros quieran, decían en plan pomposo… hasta ahora, mentira.

Las dimisiones no llegan –arrogantes, confían en el arrimo de su camorra– con la pintoresca excepción de Granados el político profesional de la factoría PP. Digo pintoresca porque yo al menos no veo motivo alguno para que dimita. Excluyo la decencia cívica o la ética en su decisión de abandonar los dos cargos públicos que ostentaba. Y no veo motivo porque si Rajoy no ha dimitido, ni la Mato, ni la esta ni el otro, ni el de más allá, ni el clan de los valencianos, ni el propio Bárcena que una vez descabalgado seguía en nómina diferida y con chofer, ni los de los trajes, ni los de la gurtelada… por qué él… Ingenuo muchacho.

El dimisionado, y arrojado así por sus iguales a los leones, tiene que saber que, haga o haya hecho lo que sea, que no sabemos, una cuentica en Sucia, ¿qué es eso? para los suyos, nada. Ahora mismo se habla más de la dimisión, oh milagro, que de dónde salían y dónde están los dineros que en la cuenta sucia estaban acumulados. Aquí está visto que un pufo tapa otro pufo, un berrido otro berrido y, sobre todo, una patraña otra mentira.

Mangoneo humanitario el de este país cuya alta magistratura trata a los pufos como cuestión de estado y donde se dispara, humanitariamente, a quienes en busca de una vida digna de ese nombre quieren acogerse a un país que les recibe a tiros al grito de «¡Vamos cabrones!» y donde se amenaza con ser objeto de querellas criminales a quienes se opongan a la versión oficial de unos hechos vergonzosos sobre los que se ha mentido de manera reiterada e impune.

Anuncios