Barojiana…

DSC_0091 DSC_0087Fortuna audaces iuvat… hace unas semanas, en un restaurante de Penha Garcia  –¿o fue en Perales antes de quedarme boquiabierto ante una procesión nocturna de la Semana Santa que parecía salir de una estampa de Regoyos?– me acordé de algunos de mis personajes literarios sin saber que me los iba  a encontrar días después, en la rúa de los Peregrinos, cuando yo mismo me entretenía en dar con las huellas de los huaqueros navarros a los que atraparon hace años en la torre Almenara, en Gata, dedicados a excavaciones arqueológicas clandestinas…
Mixtificaciones: palabra que Baroja usaba mucho como un arma arrojadiza contra todo el mundo, menos contra la imagen que le devolvía el espejo. Hace tiempo que no me ocupo de las andanzas de Baroja ni de los Baroja. Siento auténtica tristeza  por todo lo que está con ellos relacionado. Fue una pérdida de tiempo y de energías, una mixtificación, el ocuparme de la biografía de Baroja, los ensayos, los artículos, las conferencias, los trabajos de edición a él o a su mundo literario y familiar dedicados… Los cientos de horas para preparar la edición de Miserias de la guerra, cotejando originales, estableciendo el texto definitivo… Muchas páginas y no pocas de ellas silenciadas por la falta de decoro editorial o por la mala leche barojiana y de los “barojianos”. ¡Qué trabajos más inútiles! Y qué miopía la mía en lo personal. Los Baroja no quieren amigos, quieren lacayos, palmeros, devotos, incondicionales, gente que calle y trague sin rechistar, y baile al son que les venga en gana. Y eso, a cierta edad, se aguanta mal. El mundo académico se ha prestado al juego de una manera por completo acrítica, babosa y lacayuna: indecorosa. Lo puedo decir porque he reducido al mínimo mi relación con personas con él relacionadas, y ya nada tengo que perder ni temer en ese terreno. ¿Qué me van a quitar? Nada. Es un alivio. Corren días de acabamiento, de resumen, de cerrar el equipaje, las puertas y las ventanas. Hace poco repasaba con disgusto las páginas de mis diarios escritas en  los días de 2005 y 2006 pasados en Itzea trabajando en originales inéditos de Pío Baroja. Tarde o temprano verán la luz. A mí me han hecho ver con claridad esto que digo: esos trabajos de años han sido una monumental perdida de tiempo, lo único que tenía y lo que todavía me queda de manera que sé crepuscular. Lo que ya no estoy dispuesto a malgastar… y aquí sigo dándole vueltas a una carraca podrida.

Un clima, malo.

Honore DaumierLo camuflen como lo camuflen, lo sucedido con la Aguirre y los policías madrileños que fueron a multarla, convertido en repugnante sainete castizo, invita no ya a la sospecha, sino a afirmar con rotundidad que en este país hace mucho que la ley dejó de ser igual para todos. Tal vez no lo fue nunca y esa conquista social sigue pendiente. Mientras tanto nadie nos puede convencer de que la exigencia del cumplimiento de las leyes es igual para todos.

El juez encargado de valorar la chulería taurina y plenamente española de la condesa de Murillo, dice que son constitutivos de una falta penal, no de un delito, antes incluso de recabar, reunir y valorar todos los testimonios de unos hechos que todavía anda reclamando sin que sepa con qué objeto preciso. Una falta. Sin más.

La benevolencia de este magistrado resulta asombrosa, sobre todo cuando el ciudadano ha tenido en los últimos años reiteradas ocasiones de comprobar con qué extrema dureza se tratan sus encontronazos, verdaderos o falsos, con esa misma policía que la política del Partido Popular ha burlado en las calles madrileñas y desde el interior de su casa palaciega.

pc-daumier-theftEl juez puede decir lo que quiera, que para eso sacó unas oposiciones, lleva toga y está provisto de una autoridad legal que debemos temer (el respeto es otra cosa); pero a estas alturas no hay quien no piense que si él fuera el autor del atropello, hace mucho que habría sido denunciado y procesado por ese mismo juez benévolo y castizo, y probablemente condenado de inmediato por la serie de delitos habituales con los que se agasaja a la ciudadanía que tiene el capricho de reclamar sus derechos: resistencia, desobediencia y atentado… a la autoridad. Delitos por cierto que tras unos sonrojantes juicios rápidos dejan antecedentes, multas cuantiosas, y entre medio muy probablemente malos tratos de los que acaba de denunciar Amnistía Internacional y que ni siquiera se investigan creando un estado de impunidad autoritaria y abuso al ciudadano: miedo.

En su informe España: El derecho a protestar, amenazado, Amnistía Internacional acaba de acusar al Gobierno español de utilizar a su Policía y a un sistema legal hecho sobre la marcha y a la medida de su voluntad autoritaria, para limitar de muy seria manera libertades y derechos individuales, protegidos, por otra parte, por la Constitución, haciendo de esta papel mojado, algo inservible, un sarcasmo. Amnistía Internacional acusa en la práctica al Gobierno del Partido Popular de instaurar un régimen policiaco cada vez menos encubierto que protege no intereses gene-rales, sino un mundo económico y financiero de amos y de siervos, un auténtico coso en el que el ciudadano que no se deja torear con gusto y rejonear para capricho del tendido, es un mal español.

Amnistía Internacional deja constancia de algo que es del dominio público, tanto para aquella parte de la ciudadanía que lo aplaude con fervor como para aquella otra que lo padece impotente, atemorizada, inerme: el alarmante aumento de las multas indiscriminadas y arbitrarias, y de las denuncias falsas contra manifestantes que no siempre los jueces advierten. Y junto a lo anterior, los abusos policiales que no se investigan ni tienen consecuencia alguna porque gozan de cobertura judicial y mediática. Claro que esto lo denuncia Amnistía Internacional y estos ya se sabe: rojos, separatistas, etarras, antisistema… etcétera.

Este es el clima adverso en el que el ciudadano vive y va viendo, con más impotencia que alarma, cómo casos flagrantes de abusos cometidos por miembros de la casta dirigente quedan impunes o castigados de manera simbólica; o como se procesa a jueces con el testimonio de quienes deberían ser severamente castigados por la gravedad de los hechos cometido, como sucede con Blesa, el banquero ful, y sus preferentes. No es que haya que hablar de una justicia de dos velocidades, sino de auténtica impunidad de casta y clase, de todo un sistema, pensado y organizado con minucia, para que la criminalización y el castigo caiga sobre una clase social menos favorecida económicamente, menos poderosa, a la que, encima, se le arrebata el derecho a la protesta. Algo más, desde luego, que una grosera desigualdad ante la ley, ya vieja, milenaria llevada desde antiguo al escenario del guiñol burlesco.

Grândola…

Ahora 25 abril

Me pregunto por las canciones de este tiempo nuestro…
Por si hay alguna canción, todavía, que nos conmueva y nos eche a la calle.
Em cada esquina, um amigo
Em cada rosto, igualdade
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
¿Aquí? No, aquí no.
Allí lejos, en el tiempo de los claveles tal vez.
Aquí hay vencedores y vencidos,
sometidos y sometedores;
hay burlas y palos,
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
¿Terra da fraternidade?
¿Dónde?

 

Abrazos de Judas, performance logroñesa (1974-2004)

commediaMal rollo el de Logroño, malo de veras… o bueno, según se mire, o qué más da. Viene de lejos, desde que me llamaron por teléfono a la cafetería Las Cañas para decirme que la policía me devolvería el pasaporte que me habían retirado (enero de 1973) si decía dónde estaba escondido (huyendo de su familia) un amigo de entonces que había decidido coger su autito rojo (mini) e irse a Grecia en plan Coloso de Marusi, a vivirla. Mi amigo de entonces terminó viviendo en Grecia, pero años más tarde y como diplomático. El mini lo cambió por un Mustang  y la piragua del río de la jiña por un velero. No dije dónde estaba escondido y me quedé sin pasaporte. No fue por lealtad –la que el interesado no tuvo conmigo jamás–, sino por indignación. Vieja relación la mía con esa ciudad a la que fue a parar Irigoyen con el equipaje de sus versos, hubo revistas, charlas, movidas, teatros, Cacheteros y cosecheros, lecturas de poemas propios y ajenos, versos y versitos, cucamonas, abrazos: José María Álvarez engabardinado, digno él, entre el humo de los porros de la poetambre riojana; José Hierro diciéndole a su yerno que fuera al coche a rescatar una botella de orujo de primera que se habían traído de no sé qué rincón de la España profunda… Logroño, donde terminaron dándome el premio Café Bretón por los textos reunidos bajo el título Veleta de la curiosidad (1974); premio por cierto que es de mal efecto nombrar entero porque en realidad se llamaba Café Bretón, sí, pero también Pacharán La Navarra, y eso un morando, un skaysito, no puede lucir en la solapa del ridiculum. Luego, hace dos años, di una lectura de poemas de la mano del poeta Enrique Cabezón, el Kabe, que esta tarde ha presentado con afecto y entusiasmo, mi último libro: Con las cartas marcadas. Entre 1994 y hoy ha pasado la escorredura de los años, la bandería y el encono azuzados desde Madrid o Bilbao,  la poética de la nadería y el culto a la gomina madrileña, el talento intocable del que paga, el redescubrir, disfrazados de Buscarinis del mejor postor, a Escrivá entre las líneas (¿o eran rayas?) de Yonqui, de Burroughs, el vestir la camisa azul y lucir el correaje paterno hecho emblema del día a golpes de Torres 5, la husma furiosa de libros del doctor Sánchez-Capella… Guiñol, guiñol, guiñol burlesco, torvo para terminar, ya muy cansado de andar por los desmontes, abrazándote con gente que sabes te perdona la vida a tus espaldas y bailando tu propio minué con jugadores del oscuro mus de la vida como si no pasara nada, como si cuando calla la música tú creyeras que la sigues oyendo y en realidad son los golpes de un segalari de sombra, ras, ras, ras, que te corta la hierba debajo de los pies… Ay, Logroño, bodeguero, festivo, de los días felices y de los días de sombra con un botellín de agua en la mano.

La tradición y el lenguaje de la época

Blr5SH2CcAA8kTqUn día el ministerio de Defensa del siniestro Perico Morenés, un señorito de Neguri metido a negocios de armamento y seguridad privada, justifica lo injustificable recurriendo a la Tradición como argumento de peso –algo por cierto ya muy común–, y otro burla la Ley de Memoria Histórica remitiéndose al “lenguaje de la época” para sostener que el golpe militar de julio de 1936 fue una Cruzada de Liberación… algo que es y no es una mentira dolosa y una forma de recochineo porque, en efecto, para gente como Morenés y la casta y clase social que él representa con eficacia, ese es precisamente “el lenguaje de la época”, pero de esta.

La fotografía que ilustra esta entrada reúne Tradición y Lenguaje de la Época… y junto a ella, cientos de las publicadas en los últimos meses obtenidas en actos públicos de cargos del PP,  manifestaciones callejeras, ceremonias religiosas, procesiones ídem, desfiles y actos militares, pompas o raterías de la magistratura, actuaciones policiales, mojigangas institucinales de claro sabor a cerrado y sacristía impropias de un régimen democrático del siglo XXI… Tradición y mucho lenguaje de la Época.

¿Educación para la ciudadanía?

10177370_610894378988948_1267427809655355850_n lo dudo, doma en cambio sí, y obligatoria. Nos están domando, sometiendo, humillando, con leyes en la mano y sin ellas. No hay día que no se publiquen noticias de lo que una parte importante vive como un atropello, mientras otra lo aplaude con una mezcla de devoción y recochineo.

Un día es la exposición homenaje de la historia, por fuerza recortada y manipulada, del Regimiento América 66 en instalaciones municipales de Pamplona y a escasos metros de dónde se fusilaron a vecinos de la ciudad, unida a la peregrinación de puro exhibicionismo de ese mismo regimiento a Javier; y otro es la costosa peregrinación de policías y militares a Lourdes; y otro una cofradía que desfila en procesión de carácter vagamente religioso con un pendón de la División Azul del ejército nazi; y otro más la Barcina comparando la procesión de Valladolid con los Sanfermines, haciendo de una devoción religiosa una tradición de seña de identidad política… ah, sí, y la jerarquía eclesiástica callando ante todos estos dislates porque sabe que así es como sigue haciendo caja, que es lo que cuenta. A lo dicho, raro es el día que no recibamos una ración de colmos y de rotundas señales de un inquietante cambio social en nuestro país. La regresión política y social hace mucho que está servida.

10154351_568978443199541_539702263316640318_nPeregrinación policiaco-militar a Lourdes. ¿Por qué el Estado tiene que pagar expansiones devotas de creencias por fuerza individuales, jamás institucionales, no desde luego con la Constitución en la mano? Es un abuso claro de poder. Uno más.

Salta. Baila. Trágate tus ideas y aplaude, ciudadano domado… y sobre todo, paga.

¿Por qué en un centro escolar público como el de Cintruénigo, se hace apología de un cuerpo policial con la presencia de la delegada del Gobierno? ¿Qué criterios ha seguido la dirección del centro? Políticos evidentemente.

Creo que la delegada del Gobierno tiene que dar explicaciones parlamentarias de este bochornoso asunto. Pero me temo que no las dará porque ella y los suyos gozan de impunidad absoluta, como si las actuaciones de la delegación obedeciesen a una calculada política de provocación y de sometimiento del disidente: las multas propinadas a quienes se opusieron al escrache del arzobispo en Ansoáin son una buena muestra de lo que digo: arbitrariedad y abuso de poder. Salta y baila donde te digan, de lo contrario te apalearán con las mismas armas que les enseñaron a manejar a los niños de Cintruénigo y te multarán si protestas.

189939otra362040302_7128239007378788081_o¿A todos los padres les gusta ver a sus hijos menores enarbolando una porra antidisturbios, poniéndose unas esposas o un casco? Lo dudo. Mucho. Salvo que estemos ya muy amaestraos o el miedo nos haya trastornado por completo.

Si la GC quiere hacer jornadas de puertas abiertas, que las haga, pero en sus instalaciones, no en centros público ajenos por completo a su ámbito porque esto supone coartar de manera grave la libertad de la ciudadanía: se les impone una información que ni han pedido ni deseado. Repugnante educación para la ciudadanía esta. ¿Educar en el culto al uniforme? ¿Me van a multar si no participo de esa fiesta hecha tradición de obligado cumplimiento? Me gustaría saberlo.

Creo que las fuerzas policiales de este país no están con la ciudadanía, sino con la clase dirigente, la que hoy detenta una mayoría parlamentaria y con ella la posibilidad de saltarse las reglas escritas y las no escritas, de imponer un modelo ético que más parece un conjunto arbitrario de indiscutibles y obligatorias normas morales que distinguen a los buenos de los malos. Una aberración. Y que un país así pertenezca a Europa, todavía lo es más.

El modelo social que se está imponiendo no sé si mete miedo, pero asco sí que da, y mucho: militarista, radicalmente policial, de un nacionalcatolicismo renovado y agresivo, nada laico, devoto de la autoridad y de la fuerza, clasista, desigual, arbitrario, inerme frente al fraude generalizado, injusto… ¿qué más? Nos bajaríamos en la próxima. Algunos ya lo han hecho.

Francisco Candel (a propósito)

DSC_0001Hay una juventud que aguarda, Han matado a un hombre, han roto un paisaje, Los hombre de la mala uva… Francisco Candel, olvidado ya en vida, marginado. En sus páginas: vencidos de Guerra Civil, perdedores, analfabetos, inmigración, charnegos, pobreza extrema, chabolismo, nacionalcatolicismo, especulación, marginalidad, casas baratas, viviendas protegidas, explotación, delincuencia de supervivencia, violencia policial, desfachatez falangista, barbarie, pero sobre todo miseria y tristeza, las de un país y una época… y visto y vivido desde la calle, con los pies en el barro. Crónica y novela, páginas espléndidas. Candel no se merecía el trato que le ha dispensado la sociedad literaria, pero esto es ya un lugar común, pura rutina, saco roto. Si se quiere saber qué pasó en el extrarradio barcelonés de los 40 y 50 (y por extensión al resto del país) hay que recurrir a estos libros. Pasó de moda –temible, repulsiva expresión– si es que alguna vez lo estuvo de verdad. De los asuntos que he nombrado aquí no se ha querido saber nada durante años. No eran literarios, novelescos. Hasta que han vuelto a ser negocio y los mismos que los coceaban entre burlas, se erigen ahora en gallos de la farra.DSC_0002Donde la ciudad pierde su nombre, uno de los primeros libros que compré, en 1966, en un estanco de la calle Ciudadela –iba en compañía de un compañero del instituto que luego se hizo un lince, que digo un lince, un lobo de la especulación inmobiliaria por completo carente de escrúpulos–. Lástima que no lo conserve.

Vuelven los libros y  las lecturas de hace mucho tiempo, medio olvidadas, arrinconados, y con ellos vuelven los recuerdos, muchos de ellos malos.

DSC_0004Y a propósito de malos recuerdos: el otro día leí en no sé dónde ni a quién, una imagen muy afortunada: los malos recuerdos como lengüetadas de un camaleón. Yo he añadido los lapos de un rebaño de llamas negras a las que es imposible atizar con el «¡Pach, pach, pach!» andino y alejarlas en la bruma cerrada de una apacheta.

Cien años de soledad…

cojonudo-1Una imagen, de allá lejos y hace tiempo, de octubre de 1969, según leo en la página de guarda. Acababa de cumplir 19 años y la lectura de Cien años de soledad fue el comienzo de un cambio de rumbo que me ha traído dando tumbos hasta aquí. Me deslumbró y me abrió unas puertas literarias para mí insospechadas. No podía soltarlo. No estaba en el corazón de la ciudad vieja, sino lejos, en Macondo. ¿Mitomanía? Es posible, pero de eso también se sobrevive.   La nota de la portadilla está escrita con vehemencia, cierto, resultará zafia, pero a mí me ha hecho gracia encontrarla. En el trazo se  nota que la novela de García Márquez le gustó mucho a aquel mozo más ingenuo que otra cosa… qué más vas a añadir en esta apretada carrera del “para no ser menos”.

Homenajes militares: América, América…

P1090005 Al margen de que considere que el Ejército español no ha ganado otras guerras que las que ha emprendido contra sus propios compatriotas, en tareas más de represión que de defensa estricta, me disgusta que en instalaciones civiles, y la Ciudadela de Pamplona lo es y está mantenida con dinero público de los vecinos, se organicen actos que al cabo puedan redundar en la falsificación histórica y contribuyan a una desmemoria dolosa de nuestra historia reciente, en la parte que hasta ahora mismo ha sido silenciada o pasada por alto.
Tengo para mí que no hay motivo alguno para que un ayuntamiento plural colabore d ela manera que sea en la organización, con claro sentido de homenaje, de una exposición que pretende honrar a un regimiento militar, el América 66, cuya participación en el golpe militar de julio de 1936 fue decisiva para su consecución, tanto por parte de sus jefes y oficiales como por el grueso de los efectivos que en ese momento se encontraban en el cuartel, a los que se les unieron los voluntarios carlistas del Requeté que ese día llegaron en masa a los acuartelamientos (y fueron desarmados… y vueltos a armar) y en menor medida los falanges. Digo bien efectivos que se encontraban en el cuartel porque en previsión de dificultades, el mando dio permiso a todos los soldados, de origen asturiano o montañés muchos de ellos, que podían resultar «desafectos» y comprometer el éxito del golpe. Algo sabía el mando de asturianos porque no solo conspiró contra el gobierno de la República en 1936, sino que, a las órdenes de este, participó en la brutal represión de la revolución de Asturias de octubre de 1934, a las órdenes de un militar que se significaría a la sombra del general Mola, el entonces coronel José Solchaga, contribuyendo eficazmente a llenar de presos el fuerte de San Cristóbal en unas condiciones que provocaron protestas parlamentarias (no me consta su participación directa en las ejecuciones sumarias practicadas por otros cuerpos como legionarios, moros y regulares).

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Dudo mucho que la proyectada sea solo una exposición de contenido y carácter histórico. Si lo fuera, los hechos menos honrosos saldrían a la luz y eso no me parece posible.
La participación en el golpe militar de 1936 forma parte de la historia del Regimiento, les guste o no a los organizadores, y no estoy seguro de que una exhibición pública de sus hechos de armas, en tono épico y festivo, no choque de frente con la legislación relativa a la Memoria Histórica, o sí también en este terreno la trampa está servida.
Porque lo más preocupante  de este asunto es la connivencia de una buena parte de la sociedad española con todo aquello que, más de cerca que de lejos, signifique apoyo intelectual y sentimental al golpismo militar de 1936 y al régimen que le siguió.
El general Mola, en sus escritos (El pasado, Azaña y el porvenir) abogaba por una recuperación de la presencia, prestigiosa, del Ejército en la sociedad civil, muy menoscabada por la bochonosa participación en la guerra de Marruecos, y la perdida de  Cuba y Filipinas. Creo que esta exposición obedece a un plan del ministerio de Defensa de imbricar al Ejército en una sociedad poco o nada militarista que ve con desconfianza las andanzas uniformadas y armadas, como ve con alarma su relación con manifestaciones religiosas.

Item más: prefiero no hablar de cómo días pasados, en instalaciones escolares públicas, se ha mostrado con material antidisturbios de la GC y entre burlas cómo un niño le pegaba a otro con una porra: hay documentación gráfica… algo insidioso y sombrío, una mezcla de religión turbia y culto a la fuerza armada, se va colando en la sociedad civil.

Otrosi digo: que aquí enlazo una petición dirigida al Ayuntamiento de Pamplona para la suspensión de la exposición, a través de Change.org

 

Con las cartas marcadas.

DSC_0005Hoy  por fin me entregaron ejemplares de Con las cartas marcadas. Salió de imprenta hace unas tres semanas, el mismo día que me marché a Villasbuenas de Gata, en Cáceres. Me dicen que entre tanto anda ya por las librerías. Bien. Hace años, el tener un nuevo libro en las manos me producía ilusión, inquietud también, pero distinta a la que ahora siento, porque ya no estoy seguro de nada, ni de haber acertado con lo escrito, ni de encontrar la necesaria complicidad con el lector.
Es un dietario del año 2013. Buena parte de las entradas estuvieron publicadas aquí y se esfumaron. Si pude recuperar las que me han servido de borrador para las que ahora publico, ha sido gracias a dos amigos que las habían conservado y con quienes estoy en deuda.
¿Qué entra en un dietario? En este, del 2013, no sé si lo más significativo, pero sí mucho de lo que nos ha sucedido a todos a lo largo de ese año nefasto en el que pasamos del asco indecible al que no cesa, y en él vivimos… Salvo que acatemos, nos pleguemos, aplaudamos y nos dejemos empujar. Cualquier resistencia es ahora mismo tan necesaria como válida. Dejar constancia de lo sucedido es una forma de hacerlo, pobre si se quiere, pero cuando menos lo es.
Y junto a esa crónica de lo sucedido, hay notas a salto de mata del correr de los días que tienen que ver con esa novela que el escritor teje a diario con su vivir, si se pone a ello: una forma de resistencia también al naufragio personal y a la tentación del abandono.
De la suerte que pueda correr este nuevo libro ya no me hago ilusiones. Ni yo ni nadie a estas alturas. El mundo libresco –y este dietario a él pertenece– es cada vez más minoritario y reducido. Por suerte cuento todavía con unos cientos de lectores que me temo son siempre los mismos. Es su complicidad la que busco con este dietario. Ya iremos viendo.