Con las cartas marcadas.

DSC_0005Hoy  por fin me entregaron ejemplares de Con las cartas marcadas. Salió de imprenta hace unas tres semanas, el mismo día que me marché a Villasbuenas de Gata, en Cáceres. Me dicen que entre tanto anda ya por las librerías. Bien. Hace años, el tener un nuevo libro en las manos me producía ilusión, inquietud también, pero distinta a la que ahora siento, porque ya no estoy seguro de nada, ni de haber acertado con lo escrito, ni de encontrar la necesaria complicidad con el lector.
Es un dietario del año 2013. Buena parte de las entradas estuvieron publicadas aquí y se esfumaron. Si pude recuperar las que me han servido de borrador para las que ahora publico, ha sido gracias a dos amigos que las habían conservado y con quienes estoy en deuda.
¿Qué entra en un dietario? En este, del 2013, no sé si lo más significativo, pero sí mucho de lo que nos ha sucedido a todos a lo largo de ese año nefasto en el que pasamos del asco indecible al que no cesa, y en él vivimos… Salvo que acatemos, nos pleguemos, aplaudamos y nos dejemos empujar. Cualquier resistencia es ahora mismo tan necesaria como válida. Dejar constancia de lo sucedido es una forma de hacerlo, pobre si se quiere, pero cuando menos lo es.
Y junto a esa crónica de lo sucedido, hay notas a salto de mata del correr de los días que tienen que ver con esa novela que el escritor teje a diario con su vivir, si se pone a ello: una forma de resistencia también al naufragio personal y a la tentación del abandono.
De la suerte que pueda correr este nuevo libro ya no me hago ilusiones. Ni yo ni nadie a estas alturas. El mundo libresco –y este dietario a él pertenece– es cada vez más minoritario y reducido. Por suerte cuento todavía con unos cientos de lectores que me temo son siempre los mismos. Es su complicidad la que busco con este dietario. Ya iremos viendo.

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