Abrazos de Judas, performance logroñesa (1974-2004)

commediaMal rollo el de Logroño, malo de veras… o bueno, según se mire, o qué más da. Viene de lejos, desde que me llamaron por teléfono a la cafetería Las Cañas para decirme que la policía me devolvería el pasaporte que me habían retirado (enero de 1973) si decía dónde estaba escondido (huyendo de su familia) un amigo de entonces que había decidido coger su autito rojo (mini) e irse a Grecia en plan Coloso de Marusi, a vivirla. Mi amigo de entonces terminó viviendo en Grecia, pero años más tarde y como diplomático. El mini lo cambió por un Mustang  y la piragua del río de la jiña por un velero. No dije dónde estaba escondido y me quedé sin pasaporte. No fue por lealtad –la que el interesado no tuvo conmigo jamás–, sino por indignación. Vieja relación la mía con esa ciudad a la que fue a parar Irigoyen con el equipaje de sus versos, hubo revistas, charlas, movidas, teatros, Cacheteros y cosecheros, lecturas de poemas propios y ajenos, versos y versitos, cucamonas, abrazos: José María Álvarez engabardinado, digno él, entre el humo de los porros de la poetambre riojana; José Hierro diciéndole a su yerno que fuera al coche a rescatar una botella de orujo de primera que se habían traído de no sé qué rincón de la España profunda… Logroño, donde terminaron dándome el premio Café Bretón por los textos reunidos bajo el título Veleta de la curiosidad (1974); premio por cierto que es de mal efecto nombrar entero porque en realidad se llamaba Café Bretón, sí, pero también Pacharán La Navarra, y eso un morando, un skaysito, no puede lucir en la solapa del ridiculum. Luego, hace dos años, di una lectura de poemas de la mano del poeta Enrique Cabezón, el Kabe, que esta tarde ha presentado con afecto y entusiasmo, mi último libro: Con las cartas marcadas. Entre 1994 y hoy ha pasado la escorredura de los años, la bandería y el encono azuzados desde Madrid o Bilbao,  la poética de la nadería y el culto a la gomina madrileña, el talento intocable del que paga, el redescubrir, disfrazados de Buscarinis del mejor postor, a Escrivá entre las líneas (¿o eran rayas?) de Yonqui, de Burroughs, el vestir la camisa azul y lucir el correaje paterno hecho emblema del día a golpes de Torres 5, la husma furiosa de libros del doctor Sánchez-Capella… Guiñol, guiñol, guiñol burlesco, torvo para terminar, ya muy cansado de andar por los desmontes, abrazándote con gente que sabes te perdona la vida a tus espaldas y bailando tu propio minué con jugadores del oscuro mus de la vida como si no pasara nada, como si cuando calla la música tú creyeras que la sigues oyendo y en realidad son los golpes de un segalari de sombra, ras, ras, ras, que te corta la hierba debajo de los pies… Ay, Logroño, bodeguero, festivo, de los días felices y de los días de sombra con un botellín de agua en la mano.

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