De la puta vida en general

22274.original-305Desafortunada expresión la de la vicepresidenta del gobierno al referirse a su puta vida, más que nada porque, además de encampanarse en plan borde, solo dijo una verdad a medias. Es posible que no le dieran sobres que otros de su camada política sí recibieron, y con verdadera liberalidad, pero sí que le dieron sobresueldos que ella misma declaro sin decir que se los pagaba el PP, el partido canalla, cuyo presidente nos acaba de amenazar diciendo: «Los españoles conocerán noticias positivas en los próximos días». Imposible. La única noticia positiva que podríamos recibir es la desaparición de escena de él y de su casta, de la manera más expeditiva posible, y esa no parece posible. Todo lo demás es mentira, una patraña continuada soltada con el desparpajo de quien está seguro de su impunidad.

Resulta inexplicable que la instrucción judicial de las contabilidades ilegales del partido en el poder sea tan lenta que no haya dado resultado alguno. Están bajo sospecha, pero saben que eso no tiene consecuencia alguna. Es tan generalizada que se hace sistema. ¿Corrupto yo? Bien, ¿y qué? Negativa generalizada y aplausos o cómo convertir la patraña y la inmundicia en verdad.

«Vamos a mejor, hay que decirlo», mentira, las cifras del paro que se hacen públicas, a pesar de sus manipulaciones dolosas, le contradicen tozudas. No vamos a mejor porque ni siquiera se ve hacia dónde vamos y cuál es nuestro futuro, si es que lo tenemos. Quien va a mejor es la oligarquía financiera, la que su gobierno y partido representan, esa que sostienen con medidas económicas injustas que perjudican al conjunto de los ciudadanos.

«Estoy contento», afirmó pomposo el día en que se supieron las cifras reales de paro. Su actitud es indecente y lo sabe, y no le importa. ¿Está contento por la monstruosa cifra de desahuciados que ocultan a diario los medios de comunicación que él manipula? ¿Está contento porque el motivo por el que cientos de personas saltan la valla de Melilla es «porque está de moda»? Sostener eso es de canallas. No lo ha dicho Rajoy, lo ha dicho uno de los suyos que viene a ser lo mismo.

O acaso está contento porque unos jueces impiden no ya que se extradite al torturador Billy el Niño, sino que se impida siquiera que sus víctimas sean oídas en juicio y se recabe de ellas testimonio, además de absolver de manera expresa las torturas generalizadas practicadas en el franquismo atribuyéndolas a un grupo de funcionarios aislado y casi episódico. ¿Esta es la magistratura de un sistema democrático? ¿Justicia o triquiñuelas? Rajoy contento, le gustan las triquiñuelas, vive de ellas. Mientras no le quiten el Marca de la mano, él contento.

Más Marca y menos redes sociales para expresar un descontento y una ira social que la casta dominante provoca de continuo. Operación Araña. Entre lo que se ha hecho público, como propaganda policial, y la realidad hay una ciénaga de medias verdades e injustas acusaciones de bulto. Estaba cantado que más pronto que tarde, el gobierno iba a reprimir la libertad de expresión, mientras no reprime en absoluto toda la apología del fascismo, del franquismo, de la violencia derechista, que corre a raudales. Marca España o de la puta vida de quienes nos someten.

Lo que sigue siendo un misterio es que sigan votando a Rajoy los ciudadanos por él y los suyos perjudicados. Hay parados, pensionistas, recortados que siguen creyendo en la patraña institucional porque lo es, por fervor devoto a quien detenta el poder. No son solo los gobernantes con su fuerza policial y su cada vez más fraudulento aparato legal quienes impiden un cambio social y económico, sino también aquellos que con su aplauso y su voto dan legitimidad a este estado de cosas, sean o no perjudicados por el sistema así creado. La profunda desigualdad social, el sometimiento violento de una parte de la ciudadanía, los abusos, gustan, encuentran un temible apoyo ciudadano casi instintivo. Cunde la sumisión y el culto del poder, como cunde el abatimiento. Los movimientos a favor de un cambio social son tan reales como todavía insuficientes y en exceso respetuosos con un llamado «juego democrático», sagrado, intocable, que al final solo beneficia a quienes de él abusan. Están contentos. Mucho.

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