El muladar de los cínicos

La_Tour_1635 el as de diamantes LOUVRELeyendo la prensa días pasados me dije que este es un país en descomposición casi más que a la deriva, un pudridero de libertades, derechos e ilusiones, un muladar de la mala política y un chirrión para mafiosos que de la trampa han hecho virtud de gobierno.

Asociaciones judiciales se han dirigido a Interior a propósito de la maligna sandez del ministro Fernández sobre los tuits que comentaban de manera excesiva, grosera y cruel la muerte violenta de la política del PP en León: «Solo un estado autoritario equipara mala educación y delito». Cierto. Por no hablar de que nadie puede obligarnos a lamentar la muerte de nuestros enemigos. Es un asunto de conciencia, no de ordeno y mando. Además, hay Código Penal de sobra… a instancia de parte.

Era fácil prever lo que iba a pasar. Apalear, multar, reprimir, mucha grandilocuencia, hipócritas rasgados de vestiduras y aparatosas operaciones policiales en lugar de admitir que esos excesos verbales de los que ahora se trata, los ha provocado y los provoca un estado general de hartadumbre nacional; y que una parte de la ciudadanía está harta y desesperada, cansada de aguantar un sistema político basado en la afrenta cotidiana.

Sin contar con que el ministerio del Interior se cuida muy mucho de perseguir los tuits amenazantes e injuriosos que tienen por objeto a sus adversarios políticos. Dos varas de medir y una inseguridad jurídica de fondo que resulta alarmante.

¿Descrédito de la clase política? Son cínicos y malvados. El poder en España está en manos de un partido corrupto hasta las cachas, abusivo en sus maneras públicas y apoyado por una casta social que de esa corrupción generalizada ha hecho su fortuna. Y encima piden paz social. Es de no creer.

El siguiente paso es limitar, recortar la libertad de expresión, información y prensa. Impedir las obtención y publicación de las fotografías de los flagrantes abusos policiales que ahora quieren encubrir con amparo de la mayoría parlamentaria en una absurda proposición no de ley que resultaría bochornosa en cualquier otro país de la Comunidad Europea que no sea este muladar donde se pide a san Isidro ayuda contra el paro mientras se provoca este con las patas de atrás. Impedir que se puedan escribir líneas como las que ahora mismo estamos escribiendo, en prensa de papel y en las redes sociales. Si Rajoy dice que España disfruta de libertad de prensa es para echarse a temblar porque es falso, porque sabe que la mayoría de la prensa en papel está financieramente secuestrada y depende del gobierno, y sirve con descaro a los intereses de este y del sistema. A Rajoy le traiciona el inconsciente que es.

Reprimen lo que ellos mismos se permiten e imponen modelos policiacos propios de un régimen autoritario sin recato. Lo sucedido días pasados en el tren de Ordizia, con matones de seguridad que querían obligar a unos ciudadanos vascos a hablar «en español» y ocho ertzainas que no les pararon los pies, es un buen botón de muestra de cuál es el estado de la cuestión. No hay noticia de que nadie haya sido ni investigado ni mucho menos sancionado. Impunidad. Agravios. Mala traza. Y llama la atención el escaso eco que esto ha tenido en prensa.

Tiene guasa que los columnistas del régimen hablen de «riesgo» de quiebra social y hasta de «quiebra de convivencia». ¿A qué le llaman convivencia social? ¿A que unos empujen y los empujados callen? No hay otra. El riesgo de quiebra social de la que hablan se consumó hace mucho. La violencia institucional practicada por el partido en el gobierno ha sido y está siendo extrema. Es indecente cargar ahora la responsabilidad del estado de crispación nacional a quienes expresan como pueden su rechazo y su inquina, que la hay, claro que la hay, cómo no va a haberla. Son cínicos y malvados, insisto, y por si fuera poco la redacción de la noticias policiales no se ajustan ni de lejos a derecho, se acusa de manera genérica de delitos no contemplados en el Código Penal o no de la manera en que ellos quieren, buscan el voto de su clientela autoritaria y reaccionaria, violan de continuo un principio elemental de seguridad jurídica y persiguen de manera dolosa el máximo de indefensión del ciudadano frente al poder del gobierno.

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