“¿Evitar disparates?”… ¡A por la Tercera!

1402139595020La petición de un refrendo republicano es ya un clamor popular, una marea ciudadana que nos da esperanza en un tiempo sombrío y que vuelve a poner de relieve la necesidad de una unidad de acción frente al poder que representa la derecha, con la inestimable ayuda de esa especie de Sor Patrocinio de guardarropía que es Rubalcaba, muñidor ahora de la monarquía franquista, y sus acólitos que esperan el reparto del botín político y económico. Nada es gratis en este país y esa abdicación real apesta.
Nos están tomando el pelo. Para amparar esta monumental tomadura de pelo, esta timba de reyes fules, la casta dirigente está urdiendo una maraña legal, como hizo Franco para perpetuar su golpe. No nos tratan como a ciudadanos, sino como a súbditos de derechos limitados y obligaciones ilimitadas hacia el poder.
Patxi López dice: «Hemos cedido más de lo debido a los cantos neoliberales». ¿Y? Y nada. A buenas horas, cuando encima han descubierto que no son republicanos y nosotros que son los peores compañeros de viaje que puede tener la izquierda. Son algo más que cómplices del golpismo del establishment.
Y no solo eso, sino que también ha pedido al partido que se abra a la sociedad y conecte «con los que hoy sufren, porque son los que dan sentido a nuestro proyecto». Suena a pitorreo. No harán nada porque viven tan ricamente en la actual situación de bipartidismo a ultranza y pacto de gobierno. Este país está podrido y la monarquía y el bipartidismo son el mejor emblema de ese fiemal que todo lo salpica.
Solo a una sociedad de la que se está convencido que está compuesta por débiles mentales se le puede justificar la impunidad vitalicia del Borbón para «evitar disparates», como dice la zarzuela. Así no se trata a nadie. Estamos ante una operación mediática en burla de la ciudadanía, aprovechándose de su hastío, de su agotamiento, de los muchos palos ya recibidos, de que según ellos tragamos con todo. No nos respetan.
La ramplona intervención de Felipe de Borbón en Leyre, soltando patrañas históricas, propias de la «Formación del Espíritu Nacional» de la Falange, hacen ver que el heredero de la corona o no tiene muchas luces o quienes le escriben los discursos carecen de escrúpulos y andan sobrados de malevolencia. A cambio, esas cansinas palabras permiten aventurar cuál es el futuro que nos espera. Más de lo mismo no, peor, con la plena connivencia del Partido Socialista que, desde Madrid, no quiere perder el momio parlamentario de una cómoda oposición que no compromete a nada. Y ahora menos que nunca, porque a la nueva veta de esta mina al parecer inagotable de ganancias se le llama «gobernabilidad», y eso vende. Todos a una a favor del sistema, mientras este nos beneficie. Y el socialismo español ha sacado de la cosa pública más beneficios que perdidas. Es del dominio público. Frente a la cosa pública como negocio, es necesaria esa Tercera República que hoy llena las calles, que tenga en su programa constitucional una más sólida democracia, un régimen en el que tengan cabida los menos afortunados, la recuperación de los bienes y derechos que no han arrebatado y todas las opciones territoriales. Las referencias tópicas del Borbón a la unidad española amparan la mordaza de una petición ya imparable de reorganización territorial del Estado. La Constitución no puede ser un cepo ni un pretexto sagrado para ahogar libertades en beneficio de una casta social, como viene siendo hasta ahora. La Transición fue una rueda de molino que está ya muy desgastada y no puede ser la justificación de todos los abusos y de una dictadura de hecho. Es necesaria una nueva Constitución y una refundación política del Estado.
Está claro que van a intentar obviar el clamor ciudadano desde el desprecio de los majos y haciendo oídos sordos a peticiones que son legítimas. Enseguida utilizarán el palo, las prohibiciones y las multas. No hace falta ser adivinador del porvenir para escribir que no tienen otra forma de detener la imparable marea republicana que la fuerza y unas leyes represivas dictadas para la ocasión. Nos les queremos. Que lo oigan. Hay que pintar la calle con todos los colores republicanos. Por muchos matones que pongan en ella, la calle no es suya. El futuro no es suyo, no puede ser suyo.

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