Día de bochorno

DSC_0040Soplaba ya desde antes de amanecer, pero no apagaba el grito de las grullas grises que han seguido pasando durante toda la mañana en bandadas nutridas. Bochono, viento sur, haizegua aquí, viento atiza seseras, días de andar sonámbulo. Le hacen dimitir  a una ministra que en la persistencia en su cargo ha demostrado una mayúscula desvergüenza –aquí solo  delinques si te atrapan, lo demás es mentir como quien respira– y con ella la de toda una clase social y un estamento político, justo antes de un debate parlamentario amañado acerca de lo que es un clamor social: la corrupción. ¿Me importa? Poco o según y cómo. Llevo años arrimando agua a molinos que no son el mío, no por nada sino porque no tengo molino. Eso sí, me resulta inevitable responder, en la medida de mis posibilidades, a los empujones autoritarios y policiacos, pero… Me importa más lo que va quedando de todo este esperpento, el daño de fondo que ese sí, ese me parece irreparable e invita a poner tierra de por medio, porque desconfío (a cierta edad) de que la nueva casta patricia logre poner coto a esa enfermedad nacional y a un desastre que tiene aspectos tan irremediables como silenciados. De entrada, a nadie le he oído que su propuesta política sea la derogación de todo el sistema legal que sostiene este régimen. Bueeeno –que diría don José Larralde–, así las cosas puedo expresar mi indignación, pero sé que no voy muy lejos con mis denuncias y exabruptos, que estas son palabras airadas de mentidero y poco más. De modo que hoy, con haizegua, mucho, soplando muy fuerte, albortando las bandadas de grullas, trayendo grupos de milanos a los hayedos y robledales que perdían sus hojas de manera que parecía alegre, me inquieta mucho más un trabajo, el mío, el de la escritura en libertad, no al servicio de nadie, que de cuenta de nuestra escorredura de individuos de escasa fortuna; un trabajo que no depende de los ceses ministeriales ni de los cambios parlamentarios y las carreras personales a ellos asociados, y sí del tiempo, ese ministro de la muerte y del paso en apariencia banal de las estaciones.

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España, ¿de charanga y pandereta solo?

Manifestación en recuerdo a Franco

La España de la mugre y del crimen impune y no olvidado, en la que el fascismo no está perseguido y se alientan y toleran símbolos, canciones y maneras de un pasado ominoso… ¿Residual? No lo sé, lo que sí es que los incidentes a todo ello relacionado son cada vez más comunes, más habituales, van a más, en público y en privado. Hay compalcencia con esas maneras redentoras.
¿El alzamiento militar de 1936 cosa del pasado? No me lo creo. No cuando no oigo una sola palabra de rechazo por parte del gobierno ni tampoco por parte de quienes le apoyan en los medios de comunicación.
¿Quién puso ahí a esos niños y les enseñó el saludo fascista, el del crimen, quién los líricos himnos de la muerte?
Esto mismo, en otros países de la Europa a la que pertenece España, está penado.

¿Irse? Se lo preguntaba Josep Pla en sus diarios más privados, esos en los que anotaba que el régimen de paz en el que vivía era “de miseria, de policía, de indignidad” bajo el símbolo de ese saludo, de ese brazo en alto, alzado tanto por devoción rendida, como  por obligación o por la ruindad de ver de sacarle algún beneficio. A cierta edad y si careces de recursos, por mucho que quieras emigrar no tienes a dónde.

Item más: la fotografía de Denis Doyle (Getty Images) lleva días publicada en las noticias de Yahoo, a cuyos redactores nadie podrá acusar de no ser preceptivamente tendenciosos… y estas otras circulan por las redes con parecidos protagonistas…

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En busca y captura

sg1pv9La Argentina, a través de Interpol, ha puesto en busca y captura a varios ministros de la dictadura franquista, cómplices o colaboradores necesarios de todas las actuaciones criminales de aquel régimen y responsables directos de varias infamias notorias; y en algún caso de la destrucción de pruebas documentales que pudieran incriminarles en el futuro, como fue la de los archivos de Falange (en todas sus ramificaciones). Una actuación por completo dolosa de la que cuando menos Martín Villa debería dar explicaciones públicas, ya que es muy probable que se hurte a las judiciales, y nos deje de sus santurronerías: cuál fue el motivo de esa destrucción de archivos y en el caso de que esta evidencia solo fuera una «leyenda urbana», declarar a dónde fueron a parar. Esa sería una eficaz contribución a la famosa reconciliación que practica o dice practicar el falangista Martín Villa en beneficio de todos los ciudadanos. No hay mayor reconciliación que una escritura de la historia en la que entren de pleno derecho las víctimas del golpe militar y del franquismo que corren el peligro de entre tanto barullo quedar en donde están, en las cunetas, de nuestra geografía y de la historia.

¿Va a rendir cuentas de las actuaciones criminales de la dictadura a la que sirvió o de una Transición que se caracterizó por los crímenes de Estado? No lo creo. Pese a las recomendaciones de la ONU, el Gobierno del Partido Popular no va a acceder ni a la detención por Interpol ni a las extradiciones que solicita la jueza argentina. Están convencidos de que aquella de la que proceden fue «una época extraordinariamente apacible». No la van a poner en tela de juicio, de la misma manera que no la han condenado y de que por lo que respecta a las víctimas están haciendo todo lo posible para que no se haga nada a favor de ese empeño de Verdad, Justicia y Reparación.

Una cosa es lo que nos gustaría que fuera y otra lo que es de manera irremediable a nada que se retuerzan las leyes, y en este país se retuercen que es un gusto. Hace unos días una víctima de la dictadura decía que no que quería que Martín Villa entrara en la cárcel, tan solo que quedara para la historia como un criminal. Algo es algo, pero eso tampoco va a ser fácil si el régimen pone en marcha sus mecanismos de desagravio a estos mártires que tanto hicieron por la instauración de la democracia y la reconciliación de todos los españoles, frase hecha esta que estomaga.

Creo que el forzoso debate que se va a producir en torno a la ley de Amnistía, a la Transición y a la consideración del régimen franquista como lo que fue, una dictadura criminal, resultará clarificador por lo menos para iluminar esas zonas de nuestro pasado inmediato que corren el peligro de quedar en la oscuridad de una historia doctrinaria escrita hasta ahora mismo por los vencedores y sus herederos.

En ese contexto suena a sarcasmo cruel esa medalla de oro de Navarra otorgada a Félix Huarte, de quien jamás se ha investigado cuál y cómo fue su participación en el negocio de los esclavos del franquismo, en Cuelgamuros, tergiversado hasta la caricatura por historiadores afines al régimen franquista y a la derecha posfranquista y dudosamente demócrata. Escritura de la historia, peliagudo asunto este, porque cada cual escribe la de su trinchera y el que más poder tiene, la que le conviene para establecer sus bases sociales y su doctrina.

Item más: la memoria histórica no es un negocio, como denuncia con un asombroso tono de desprecio el escritor Cercas, sino un asunto de estricta justicia, una obligación de Estado desatendida, esto de una parte, y de otra un esfuerzo más silencioso que otra cosa de gente que no gana nada con ello, ni adquiere protagonismo social ni saca ventaja alguna, que se sepa. La memoria histórica solo es un negocio para quienes la practican seguros del aplauso del público adecuado, al calor de buenas palestras mediáticas, editoriales y universitarias, y de la ideología dominante que, digan lo que digan, no es otra que la que ha crecido en la última década a la sombra de la derecha conservadora y ha encontrado reflejo en la prensa afín al régimen, en la universidad y en el negocio, este sí, editorial (premios incluidos).

Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias, 16.11.2014

Volando, volando…

LeSphinx1102009T131227 Lord Byron se fue a Grecia harto de periódicos y de querellas. Eso decía. Pero Byron era poeta y tenía dinero, y en consecuencia podía pagarse unos lujos que la gente del común no puede. Así que los demás, que también estamos hartos de lo que aparece a diario en los periódicos y nos agrede, no nos vamos a Grecia, sino que nos quedamos en la ciénaga, con el lodo al cuello, intentando sobrevivir, malamente en muchos casos. No nos queda más remedio. Los 140.000 jóvenes que se han marchado tampoco lo han hecho para conocer mundo que es lo que, con cinismo criminal, se ha llegado a decir desde el Gobierno.

Pero por solidaridad con ese país donde «la gente lo está pasando muy mal» (Cospedal dixit), Monago, el senador extremeño del Partido Popular que se da la gran vida con dinero público, se fue a darse una vuelta por las islas griegas para meditar, ahí es nada, para meditar, con vistas a unas elecciones autonómicas, sobre los candidatos a estas, como si fuera un estadista. Son megalómanos de baja estofa. Entre tanto, el senador Monago se ve acosado por 32 viajes a Canarias en clase business con cargo al Senado que no puede justificar porque son de recreo y nada tienen que ver con su actividad política. Y es que el protagonista de ese turismo de lujo es nada menos que el adalid de la anticorrupción y de la vida limpia del Partido Popular, lo que ya es de auténtica traca: «No todo puede valer y no nos van a callar», eso dijo en plan campeón. Como chiste, malo, como despropósito mayúsculo, pero muy eficaz, muy preciso como retrato de lo que está pasando en este país y del nivel de podre pública y privada. Y encima insulta porque sus explicaciones hacen suponer que se dirige a una ciudadanía compuesta por débiles mentales.

El cronista de Indias Guamán Poma de Ayala, en su Nueva Corónica y Buen Gobierno, que recoge los abusos que cometían los españoles en el virreinato del Perú, ya fueran curas, frailes o corregidores, señala que estos tenían la fea costumbre de hacer lo contrario de lo predicaban, arengaban e imponían. Se ve que el extremeño que predica austeridad, probidad y transparencia ha recibido en herencia ese vicio y que sabe que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace, al margen de compartir con otros miembros de su estamento social un peculiar sentido de lo público como prolongación de lo privado. No es el único, porque este Gobierno, con su presidente a la cabeza, se ha caracterizado por el engaño sistemático y por hacer lo contrario de lo que promete y asegura.

En Aragón en cambio le han hecho dimitir a un diputado pepero que también viajaba gratis total a Canarias a lo mismo que el Monago, y con la misma, ahí es nada, lo que le da al episodio un decidido tono de enredo bufo, porque eso es lo más irritante, que tras el drama nacional se esconde un guiñol grotesco y chocarrero, el triste esperpento nacional, al que pertenece por derecho propio la venial imputación de la hermana del rey con todo lujo de trucos y argucias jurídicos y procesales, de la que por desgracia tendremos ocasión de hablar.

Por lo visto no es Monago el único cargo público que goza de ventajas que al resto de la ciudadanía les resultan caras o inaccesibles. Y no solo en viajes de los que no se da cuenta. Se ha venido denunciando en balde que diputados con residencia en Madrid y propietarios de su vivienda habitual, disfrutan de cuantiosas ayudas de alojamiento. En balde. Son los privilegios de casta y clase. Intocables. En la boca la Patria, la Honradez, la Decencia, en la práctica la opacidad. Esa es la norma y la marca España, junto con el ventajismo, el sostenella y no enmendalla, el cortijismo y el cotarro de amiguetes. Los recortes, los sacrificios y los esfuerzos son para los paganos de la farra. Y eres populista y demagogo si lo señalas. No se percibe ni en la lejanía una voluntad de cambio social que pase por la renuncia a esas ventajas que en la práctica son un abuso y un espejo de hasta donde llegan en este país las desigualdades sociales.

Otrosí digo, que ahora resulta que Monago va a devolver hasta el ultimo céntimo, dice. Aplausos; pero estoy seguro de que, como con las dietas de la Barcina, de no haberse hecho público y denunciado, estos no devuelven ni las raspas. Y si es legal, ¿a qué devolver nada?

La burla del perdón

2No es posible verse obligado a leer cosas como esta, dichas por Rajoy: «No hay impunidad; aquí el que la hace la paga». Eso no se puede decir cuando se carga con un saco de patrañas regadas casi a diario a lo largo de más de dos años. Ya hace mucho que lo tengo por un tonto malvado, pero estoy seguro de que no soy el único. Su falta de diligencia a la hora de perseguir la corrupción o la delincuencia institucional ha sido manifiesta. No, aquí el que la hace no la paga, o solo cuando conviene. Aquí hay dos leyes, una para los poderosos, otra para el común.

No basta con echar a los leones al más tonto o a los más desarmados para acallar a los que ellos tratan como populacho que ruje con el derribo, y dejar a cubierto a los intocables, a los capos di tutti capi, porque esto es una trama que semeja a una tela de araña, si no de siglos, que también, sí de décadas más ominosas unas que otras. Esto no es un circo romano, aunque parezca una Corte de los Milagros, donde se enseñorean los rateros, los guapetones y los caballeros de industria. No, cuando capitaneas un ejército de corruptos, de maleantes hasta las cachas, de los que se es cómplice necesario, te retiras de escena, te vas por la gatera o la puerta de atrás, o dignamente, pero sin mala comedia, sin patochadas y sobre todo, no te enrocas dando gato por liebre.

Pero estos sí, la calaña representada en el Gobierno se enroca, resiste, se quita de en medio a quien molesta y hasta ayer encubría, y como mucho «pide perdón», que a mi modo de ver es la última vileza: convertir un valor moral en un gesto hueco de mala comedia haciendo de algo privado, de estricta conciencia, un asunto público, descarado y al cabo obsceno. Por no hablar de que no se puede pedir perdón a nombre de otros, o eso creo.

Y no solo eso, quien dice pedir perdón jamás piensa en la reparación del daño causado, algo a lo que viene obligado por el articulado del Código Civil. Está visto que en este país la sucia maña de echar unas monedas en el cepillo de las ánimas y librarse con ello de la culpa y de la responsabilidad a ella aparejada, proyecta su sombra en la vida pública de un presente civil que solo debería obedecer a las leyes positivas. Pedir perdón equivale a redoblar la ofensa, obligando al ofendido a aceptar esas palabras huecas y a callar, que es de lo que se trata, de que callemos y olvidemos, de que aceptemos como algo normal un estado de cosas dañino. Como si con lanzar al aire esas palabras mágicas y ridículas en su boca la responsabilidad se esfumara. No la asumen, solo temen haber quedado mal, que de eso se trata, de quedar. Es decir, les inquieta el deterioro de su imagen y los votos que sus trapisondas les pueden costar, y con ellos la posibilidad de seguir en el fabuloso negocio en el que están metidos. Piden perdón de manera genérica lo que equivale a no pedírselo a nadie. No les preocupa el daño que causan, sino el que sus actuaciones les causan a ellos mismos. Por eso su petición de perdón es una farsa y un insulto.

Es demasiado tarde para recuperar una credibilidad perdida con las primeras y clamorosas mentiras que se han ido tragando los días y que han encubierto estafas colosales como la del rescate bancario, dramas como el de los desahucios, abusos policiales, manipulaciones judiciales, encubrimiento de torturas, conductas de nulo respeto democrático dentro y fuera del Congreso, destrucción de empleo y condena con ello a la muerte civil de los ciudadanos víctimas de sus mejunjes financieros, conversión de los bienes públicos en negocios privados, saqueo de instituciones, amiguismo, prevaricación, ganancias indecorosas a costa del erario público… ¿y ahora perdones?

¿Caben más motivos para rebelarse? No, pero no nos rebelamos. Al contrario, a pacíficos no nos gana nadie y esperamos la llegada del momento de ir a votar evitando pensar por el camino que la tenaza PP/PSOE puede dar pucherazo y perpetuar este estado de cosas, en el baile de los perdones.