Volando, volando…

LeSphinx1102009T131227 Lord Byron se fue a Grecia harto de periódicos y de querellas. Eso decía. Pero Byron era poeta y tenía dinero, y en consecuencia podía pagarse unos lujos que la gente del común no puede. Así que los demás, que también estamos hartos de lo que aparece a diario en los periódicos y nos agrede, no nos vamos a Grecia, sino que nos quedamos en la ciénaga, con el lodo al cuello, intentando sobrevivir, malamente en muchos casos. No nos queda más remedio. Los 140.000 jóvenes que se han marchado tampoco lo han hecho para conocer mundo que es lo que, con cinismo criminal, se ha llegado a decir desde el Gobierno.

Pero por solidaridad con ese país donde «la gente lo está pasando muy mal» (Cospedal dixit), Monago, el senador extremeño del Partido Popular que se da la gran vida con dinero público, se fue a darse una vuelta por las islas griegas para meditar, ahí es nada, para meditar, con vistas a unas elecciones autonómicas, sobre los candidatos a estas, como si fuera un estadista. Son megalómanos de baja estofa. Entre tanto, el senador Monago se ve acosado por 32 viajes a Canarias en clase business con cargo al Senado que no puede justificar porque son de recreo y nada tienen que ver con su actividad política. Y es que el protagonista de ese turismo de lujo es nada menos que el adalid de la anticorrupción y de la vida limpia del Partido Popular, lo que ya es de auténtica traca: «No todo puede valer y no nos van a callar», eso dijo en plan campeón. Como chiste, malo, como despropósito mayúsculo, pero muy eficaz, muy preciso como retrato de lo que está pasando en este país y del nivel de podre pública y privada. Y encima insulta porque sus explicaciones hacen suponer que se dirige a una ciudadanía compuesta por débiles mentales.

El cronista de Indias Guamán Poma de Ayala, en su Nueva Corónica y Buen Gobierno, que recoge los abusos que cometían los españoles en el virreinato del Perú, ya fueran curas, frailes o corregidores, señala que estos tenían la fea costumbre de hacer lo contrario de lo predicaban, arengaban e imponían. Se ve que el extremeño que predica austeridad, probidad y transparencia ha recibido en herencia ese vicio y que sabe que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace, al margen de compartir con otros miembros de su estamento social un peculiar sentido de lo público como prolongación de lo privado. No es el único, porque este Gobierno, con su presidente a la cabeza, se ha caracterizado por el engaño sistemático y por hacer lo contrario de lo que promete y asegura.

En Aragón en cambio le han hecho dimitir a un diputado pepero que también viajaba gratis total a Canarias a lo mismo que el Monago, y con la misma, ahí es nada, lo que le da al episodio un decidido tono de enredo bufo, porque eso es lo más irritante, que tras el drama nacional se esconde un guiñol grotesco y chocarrero, el triste esperpento nacional, al que pertenece por derecho propio la venial imputación de la hermana del rey con todo lujo de trucos y argucias jurídicos y procesales, de la que por desgracia tendremos ocasión de hablar.

Por lo visto no es Monago el único cargo público que goza de ventajas que al resto de la ciudadanía les resultan caras o inaccesibles. Y no solo en viajes de los que no se da cuenta. Se ha venido denunciando en balde que diputados con residencia en Madrid y propietarios de su vivienda habitual, disfrutan de cuantiosas ayudas de alojamiento. En balde. Son los privilegios de casta y clase. Intocables. En la boca la Patria, la Honradez, la Decencia, en la práctica la opacidad. Esa es la norma y la marca España, junto con el ventajismo, el sostenella y no enmendalla, el cortijismo y el cotarro de amiguetes. Los recortes, los sacrificios y los esfuerzos son para los paganos de la farra. Y eres populista y demagogo si lo señalas. No se percibe ni en la lejanía una voluntad de cambio social que pase por la renuncia a esas ventajas que en la práctica son un abuso y un espejo de hasta donde llegan en este país las desigualdades sociales.

Otrosí digo, que ahora resulta que Monago va a devolver hasta el ultimo céntimo, dice. Aplausos; pero estoy seguro de que, como con las dietas de la Barcina, de no haberse hecho público y denunciado, estos no devuelven ni las raspas. Y si es legal, ¿a qué devolver nada?

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