Así pintó el día… (diario volátil)

DSC_0008Así ha pintado el día. No ha llovido, caían cuerdas. La vista desde la ventana acongojaba. Día bueno para el trabajo, por el silencio más que nada, pero esas nieblas, esas nubes agarradas a lo que queda de bosque otoñal, nada como quien dice… En la prensa, lo de todos los días: profesionales de la justicia que en el ejercicio de su cargo prevarican sin recato y hacen política al servicio de la monarquía, funcionarios uniformados que mienten con desverguüenza  para encubrir actuaciones delictivas, el maleante que nos gobierna de jira americana a ver si allí, demasiado ocupados con las rebabas del narcogobierno,  cuelan sus mentiras de chichinabo, la imparable violencia machista… ¿Sigo? No, para qué.  Día de la Inmaculada, dogma de fe, abstracción (o lo que sea) y patrona de militares, charanga y mojiganga…  Y lo peor, o casi, ha sido la vieja canción de Paco Ibáñez sobre ese poema, grande, de Gabriel Celaya, que me ha repiquetedo a lo largo de la tarde,
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
¿De verdad que ya nada esperas? Eso es mucho decir y más desesperar. ¿De verdad que existimos fieramente y más ciegamente afirmamos? Poesía necesaria. Me siento incapaz de escribirla. La leo y me emociono, y admiro a sus autores, del pasado y del presente, pero… Poesía necesaria, cuando la furia nos nubla la vista y el asco nos puede.  Y de Celaya a la lluvia antigua y sucia de O. W. Milosz en su lejano cementerio de las islas Lofoten, y a la del chileno Teillier, poesía y lluvia. El viaje de la poesía, a cubierto. Poesía como madriguera de los malos tiempos… La cueva y la intemperie, el hermoso título de Ramón Rocha Monroy, con gusto se lo habría robado, así se lo he dicho.

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