A trancas y barrancas (un dietario)

002Al final no hemos podido utilizar la escena de la Comedia del arte, de Callot, como había anunciado, para ilustrar la cubierta de A trancas y barrancas, el dietario de este año que ahora termina. En su lugar hemos escogido este ejercicio de fisonomía, recreativa digamos, de Daumier. Esta previsto que el libro salga en la primera semana de febrero. Un dietario, otro, escrito a trancas a barrancas, esto es por encima de las dificultades comunes a una mayoría. No se me ocurre mejor expresión para hablar de lo sucedido este año en esa vida pública que hacemos privada a fuerza de empujones. Empecé con la intención de que fuera la crónica de un salir de la ciénaga tirándose de los propios pelos, tal y como dijo haberlo hecho el barón de Munchausen. No sé si lo he logrado. Sí diré que no estoy en modo alguno solo en ese trance, que somos muchos los que estamos empeñados en no naufragar ni en dejar que la ciénaga nos ahogue. Reconforta saber que no estás solo en ese combate contigo mismo y con el medio. El dietario anterior, Con las cartas marcadas, lo cerré el Día de los Inocentes del año pasado, día de burlas, pero de siniestras veras por lo que nos atañe como ciudadanos. Si miro hacia atrás este que ahora termina ha sido, como todos, un año revuelto. Diario de riada o de deriva el mío más que de bitácora. Escribes como te sientes, y no creo ser el único que siente que va a la deriva, empujado por la climatología de la cosa pública, sintiendo una precariedad que hace unos años no sentía. No sé lo que va a venir detrás de esto. Mis ganas de escribir su crónica aquí quedan, por cansancio y por hastío y porque el tiempo apremia para otros trabajos. Además, los cambios de escritura son beneficiosos. Ya iremos viendo.

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