Contra la ‘Ley Mordaza’

Violencia_Policial No sé cuántas veces habré escrito sobre esta infamia en los últimos dos o tres años. Para nada que no fuera calentarse en vano. La mordaza se veía venir desde que hicieron público su proyecto de sostener el régimen policiaco en un aparato legal represivo que contara con el refrendo intocable de la mayoría parlamentaria. Viene de lejos, del invierno del año 2012, como mínimo, y ha corrido parejo al desgaste y degradación de la democracia española. Solo que hace dos o tres años denunciar los avances del régimen policiaco –abusos, multas, arbitrariedades, impunidad, represión a ultranza…– era ser apocalíptico y tremendista. Lo decían los mismos intelectuales de cámara que ahora callan o intentan sacarle réditos a su oposición tardía. El objetivo de esa casta es no alejarse de posiciones de poder o reclamo social que puedan reportarles algún beneficio. Entre penoso y grotesco.

«No creí que se atrevieran a tanto», es una frase que creo le leí por primera vez a Lidia Falcón, una intelectual de referencia en este clima sórdido. Sí se han atrevido, a eso y a mucho más, y no hace falta ser un adivino del porvenir para afirmar que la libertad de expresión está seriamente amenazada y que páginas como esta o similares (la Red está por completo controlada) que no sean servidoras de este régimen se verán alcanzadas. Son unos maleantes…¿También nos van a multar por decirlo?

Desde el viernes, España es una país un poco menos libre y bastante más policiaco. Para imponer un régimen autoritario y policiaco, el partido Popular y sus socios regionales, como ese lacayuno UPN, no han necesitado un golpe militar, sino una mayoría parlamentaria que como tal actúa en la práctica. Este es un país de ciudadanos demediados cuyo estado feliz parece ser el del sometimiento a ultranza. Y encima los represores y quienes les aplauden se reclaman archidemócratas.

P8A8800jpg_EDIIMA20140326_0712_5Este violento ha sido denunciado como infiltrado.

La ley Mordaza a la que ha dado luz verde el Congreso sanciona en la práctica ese régimen en el que la referencia no es la justicia, sino la policía y lo que esta conlleva de arbitrariedad e indefensión. Este es el Orden Nuevo, que es viejo y del franquismo viene. Archidemócratas y franquistas sin careta. Con razón no han condenado nunca el franquismo.

Los únicos que no ven que este es un régimen policiaco son aquellos que se benefician de él y lo apoyan, de manera expresa desde sus palestras mediática de lujo, o de manera tácita con su silencio cómplice. Muy ciego hay que estar para no darse cuenta de que la Ley Mordaza supone un serio quebranto del Estado de Derecho. No solo socava el ejercicio de derechos civiles fundamentales, impidiéndolos en la práctica, sino que su propósito malicioso es hurtar a los tribunales la defensa efectiva de los ciudadanos que han padecido maltratos y abusos de autoridad por parte de la policía o de burócratas sin escrúpulos que dominan las delegaciones del Gobierno, y no precisamente por su capacidad intelectual o profesional; ciudadanos que, además de apaleados, pueden ser multados de manera grave, impune y arbitraria. A esto se le llama pervertir el sistema legal.

Ahora queda por ver lo más importante: si la promesa de derogar esta ley hecha a bote pronto por los partidos de la oposición, en el caso de que gobiernen, se traduce en que en sus programas electorales figure no ya la inmediata derogación de la Ley Mordaza, sino de todo el sistema legal urdido por el Partido Popular (como lo urdió el franquismo) en sostén del estado policiaco: en los terrenos bancarios y financieros, fiscales y penales, incluido el origen de las fortunas, militares, policiales, judiciales –de la composición política de CGPJ al sistema de tasas–, educacionales, sanitarios, concordato con el Vaticano… y con ello, en la práctica, la depuración de responsabilidades políticas del régimen y sus valedores políticos y económicos. Aquí hace ya tiempo que no cabe hablar de integración, ni de mera sustitución de sillones parlamentarios, sino de ruptura radical y de remoción del sistema legal con objeto de restituir a la democracia el sentido que la derecha le ha arrebatado. Lo demás, los mismos perros… collares, disfraces, antifaces… importan los mordiscos y la ferocidad represiva.

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