Calle Manuel Iribarren

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Un fragmento de mi novela El Botín… debo añadir que no trato de linchar, sino de intentar comprender qué pasó por la cabeza de aquella gente, escritores, periodistas que escribieron en aquel periódico, y en otros.

“El negocio es el negocio: «Falangistas España una y una sola cerveza pedid y haced pedir cerveza “Cruz Azul”. Pamplona.» La fábrica de los Kutz, gente de orden, hasta ahora mismo que sacan tajada del patriotismo que proscribe lo extranjero. Hay que estar con el poder chupando y fabricando chupete.

“Al día siguiente, el fino escritor Manuel Iribarren, el mismo que calificó la muerte de Rodríguez-Medel de “justo y necesario asesinato”, publicará una pavorosa justificación del asesinato como dolor necesario para construir la España futura, titulado «Desolación. Meditaciones del momento».

“Iribarren pone en escena a una viuda, a la que le resbala el júbilo de las banderas, la bulliciosa alegría de los desfiles, y “la ansiedad palpitante de esta guerra criminal y heroica”. Ella esta absorta hundida en su dolor, pero su estoicismo se nutre de odio, vaya por Dios…

«¿Por qué?

¡Ay, los mortales sobresaltos de aquella noche terrible! ¡Ay, la duda y la esperanza, en duelo espantoso con la fatalidad! Se lo llevaron al filo de la medianoche, arrancado de las tibias sábanas, entre una amenaza de fusiles. Y nada ha vuelto a saber de él. El mal presagio le anuncia con insistencia que hubo de proseguir su sueño, tumbado en un camino ignoto, para mostrar los dientes a la luna.

Él era su amor acostumbrado; su pan; y la tregua de ilusiones en el tiempo difícil. Le quería por buen compañero y porque aspiraba, honradamente, a que sus hijos mejorasen de condición. Ella nunca supo de ideas políticas. Las odiaba; y las odiaba principalmente porque borraron de los labios de su marido el santo nombre de Dios, que desde niña aprendió a venerar.

Pero ahora, el alma desolada de la viuda inconfesable es un volcán de odio que solo sueña con satisfacer su sed de venganza.

La España futura, que posee en sí el mejor antídoto contra su emponzoñada cólera, habrá de ir aplazándola con hechos positivos y razones cristianas […]

Y habrá de convencerle también de que su dolor fue necesario.

Y de que lo injusto de su pasajera ignominia ha sido justo para el glorioso porvenir de la patria.

XXXXXXXXXXX (censurado)

Nuevas Suplicantes, cubiertas por un inmenso velo enlutado que cose el viento con su aguja invisible, centenares de mujeres marchan por el sendero espinoso de su amargura, hacia el altar de los destinos hispanos.

Y claman, invocando a Jesús y evocando al inmortal Esquilo, padre de la Tragedia.

—¡Por nuestros hijos!… ¡Por nuestros hijos!… ¡Por nuestros pobres hijos!

España rediviva sabrá hacerse eco amoroso de su desgarrado clamor. Y acogerá en su seno a todos los huérfanos como hijos legítimos de su espíritu y de su carne. Y les protegerá con santas y tangibles obras –que no con propósitos–, equiparándolos a los mejores. Y (lo que es más importante), siempre maternal y generosa, desvanecerá de sus inocentes cabecitas, prematuramente atormentadas, el aciago error de sus desgraciados padres. ¡Que ellos ignoren eternamente ciertos crímenes, bochorno de la Humanidad!

¿Se lo llevaron, quiénes? Quien escribe eso sabe lo que pasa y si él lo sabe, lo sabe la redacción entera del periódico falangista y lo saben las gentes en los cafés y en las cuatro apretadas calles de la ciudad. Escenificación lírica del crimen, encima, dientes a la luna,

Lo mires por donde lo mires, el Escarmiento asoma. El crimen está en el aire.

*** El artículo se publicó en Arriba España, en noviembre de 1936.

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