La Gran Amenaza

15599_mariano-rajoy-lengua-fueracopiaPara el Partido Popular y sus secuaces, y también para ese PSOE cuya permanencia en el tablado de la farsa política suena a cadena perpetua, la ascensión de Podemos representa una amenaza. No dicen en concreto en qué consiste esta, porque no hace falta, con ponerla en el aire basta porque de lo que se trata es de crear inquietud y más incertidumbre en una masa de votantes que lo mismo pueden votar a quien abusa de ellos que a quien les ofrece una salida o algo que se le parece. Esa acusación suena a sarcasmo, pero apenas se nota. Es vieja. Casi todo suena ya a burla institucionalizada y de inmediato olvidada por acumulación.

La amenaza no es el populismo, el bolivarianismo, el etarrismo o el totalitarismo, la amenaza es la banca que compra portadas de diarios y con ello señala que no compra solo estas, sino a quienes en ellos escriben, y que de una manera o de otra los convierte en sus servidores. Por eso me parecen desafortunadas las declaraciones de un miembro de Podemos sobre el Banco de Santander y sus bondades franciscanas: el hermano banco. Ya, y un cuerno. O es mala fe la suya o ignorancia. Porque ese banco en concreto sí representa una amenaza para la ciudadanía. Basta detenerse en considerar la manera en que los procedimientos judiciales emprendidos contra el Santander dieron en nada, si no perjudicaron al juez instructor que tuvo el atrevimiento de arrimarlos al banquillo. Son poderosos, no te indispongas con ellos. Llegado el caso no dudarán en ponerte en la calle.

La amenaza no es recuperar la calle y con ella una presencia social efectiva, sino las leyes que permiten vaciarla a palos y a multazos. Celebro que se llenen las calles de voluntad real de cambio, cifrado, entre otras cosas, en darle la vuelta al sistema económico financiero que nos tiene acogotados. Llenar las calles, está bien ¿Con qué en concreto? Está por ver. No basta ni la hartadumbre ni el ansia y la voluntad legítimas de cambio. Hace falta programa y objetivos concretos e inteligibles de cambio, inmediatos, posibles, que no estén abocados a la frustración.

La gran amenaza no es el bolivarianismo, sino la elite que maneja al Gobierno con apoyo policial-judicial y el olvido por parte del poder de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos, en beneficio de los de la clase patricia o a ella asimilados.

1422673981_619047_1422713297_noticia_normalLa gran amenaza no es Podemos, con sus más y sus menos, sino convertir la educación en una traba social, en un instrumento de poder en la medida en que serviría de manera prioritaria para la formación de directivos del establishment, y en un nuevo negocio bancario; y la sanidad pública lo mismo. La gran amenaza no es el populismo, sino hacer de lo público un fabuloso negocio privado con el habitual amparo de la violencia institucional y un autoritarismo policiaco. La amenaza es el desamparo social de amplios sectores de la población.

Aquí se da la siniestra paradoja de que quien es de verdad autoritario acusa de autoritarismo a los que vienen padeciendo los empujones. Eres un sospechoso por sistema y así tratado. Eso sí es una amenaza.

La amenaza no es Syriza, sino quienes con su manejo de los recursos financieros y económicos, su nula voluntad de crear otra cosa que negocios especulativos, incluso con viviendas sociales ahora mismo, han causado esta situación de quiebra social y ejercen políticas represivas más que autoritarias. El miedo, la verdadera amenaza, viene de ellos, lo saben todas y cada una de las familias desahuciadas, los parados, los que han visto sus profesiones depreciadas, los enfermos a los que no les llegan los medicamentos necesarios… ciudadanos que no representan amenaza alguna, como no sea la que pone en tela de juicio el extremo bienestar de la clase patricia que de la cosa pública y de los derechos sociales han hecho el negocio de su vida.

 Está visto que aplastar a la ciudadanía, expoliarla, abusarla, arrebatarle derechos y libertades no es una amenaza, negarse a vivir sometido, sí.

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