Las cuentas sucias.

c5f2af6cb68f449d530fb924555a6c8bEstá claro que son más importantes los vaivenes de las cuentas de Monedero que la manera fraudulenta en que estas han aparecido en público, filtradas desde las propias instituciones, una actuación delictiva que a estas alturas ya debería haber tenido consecuencias penales. No puede el ciudadano, llámese como se llame, quedar desprotegido de esa manera a merced de una política gubernamental más ocupada en detentar el poder al precio que sea que en la lucha contra la pobreza creciente y en la consecución de una elemental justicia social. La inseguridad jurídica que provoca el propio gobierno es mayúscula y la interdependencia justicia-poder político algo más que una sospecha, en un momento además en que la independencia mediática es pura filfa porque su mayor tarea parece ser la intoxicación informativa. Los medios están infiltrados, cuando no directamente comprados. Sirven al sistema incluso más que a un determinado partido, no desde luego a la opinión pública, una falsedad mayúscula. Desde los propios órganos del Estado se está denunciando la actividad ilegal del gobierno español en el caso de Monedero. La Fiscalía General del Estado debería actuar con más diligencia en este abuso, los partidos también. Está en juego mucho más que la revelación pública del patrimonio de un ciudadano y la utilización política de los datos resultantes.

El nivel de desvergüenza nacional es tan colosal que ya ni siquiera llama la atención que quien utiliza como ariete político (el Partido Popular) una información obtenida de manera fraudulenta, tenga pagadas las obras de su sede con dinero negro, haya tenido una doble contabilidad de la que se pagaron sin lugar a dudas sobresueldos y que la fiscalía no vea delito en las aportaciones recibidas… y que, encima, en el caso de los pagos con dinero negro quien sea el responsable de esas ilegalidades sea quien cobra y no quien paga, algo de verdad asombroso. Que sería asombroso quiero decir, si la desfachatez y poca o nula honradez de los dirigentes del partido en el gobierno, no hubiese alcanzado los niveles que ha alcanzado. El irredento PP valenciano ha financiado sus campañas electorales con dos millones de euros de dinero negro, los peperos de Mallorca algo parecido. Nadie les lincha en firme. A los bocazas habituales me refiero, que desde sus púlpitos mediáticos exculpan, comprenden, denuncian maniobras, adulan… A Monedero sí, y eso, nos caiga mejor o peor el político, ha deteriorado de manera seria su imagen arrojando algo más que la sombra de la sospecha sobre él y sobre esa formación política reunida bajo el clamor de la necesidad de cambio. Lo han convertido en un profesional más del fraude y la ventaja, como muchos de ellos, ¿cómo cuántos en realidad? Así no se regenera una casta social y política.

Los mismos que recurren a «sicavs» o cobran del Estado sin contraprestación significativa alguna, y que amasan fortunas con sobresueldos, indecorosos, dietas, canonjías asociales, se echan las manos a la cabeza por una declaración de renta. Tartufos, tienen guasa. El nivel de fraude fiscal de este país es colosal; de fraude, de daño al Estado, de saqueo permanente y consentido parejo al empobrecimiento social. La prueba está en la última de los Botín en Suiza y en los otros, aquellos que fueron amnistiados a escondidas por el PSOE. Eso no llama la atención y no lo hace porque la opinión publica está en manos compradas por los propios defraudadores y evasores. Aquí es normal tragar una dieta de sapos como estos: el ministerio de justicia no sabe a dónde han ido parar los 500 millones recaudados con las tasas; hay diputados que cobran dietas teniendo piso en Madrid y eso no es motivo ni de escándalo ni de actuaciones judiciales que si se emprenden, se archivan, las imputaciones de profesionales de la política del PP alcanzan cifras nunca vistas en un país de la Unión Europea… ¿Sigo? No, para qué, necesitaríamos sábanas. Aquí está visto que lo que interesa son las trapisondas del pequeño Nicolás, las monumentales sandeces de Mariló Montero y los chorretones de rímel lacrimoso de Belén Esteban. Poco más se puede esperar de un país estragado, aburrido, decepcionado, cuya capacidad de reacción es errática, incierta, y que confía en un vuelco electoral, cuando en realidad está seriamente amenazado con más de lo mismo por las propias urnas.

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