Diablada boliviana

IMG_2487Ya sé que la Diablada es de Oruro, pero la mía, la que yo ando montando porque me concierne, exorcismo de demonios, la pongo donde me conviene, en La Paz por el momento, gracias a unas máscaras metálicas, no sé si del Moreno o de la China Supay, me es igual, porque hermosas son, a las que sangre les ha pintado la herrumbre, y el tiempo ha apagado la mica de sus sonrisas feroces. Las compré en un tugurio de la Sagárnaga a una vendedora granuja y evangélica que leía con mucha atención la Biblia antes de intentar engañarte con arqueología erótica más falsa que un Amadeo. Lo uno no quitaba lo otro. Igual encontraba inspiración en la Biblia. No seré yo quien lo discuta.

Esas máscaras me sirven de inspiración para poner en escena un cortejo de diablos en pleno delirio, allí por el Club del Recuerdo o la Melancolía, en la penumbra en la que se derrumbaba el líder de los Marqueses, la mítica banda de moteros paceños, y cosechaba el aplauso de los enzamarrados añosos, mientras en el escenario gesticulaba meloso un falso Fabio, y la Rompecatres andaba por debajo de las mesas de los muertos vivos azuzada por viejos macarras que parecían salidos de cuadros de Raúl Lara. Para qué inventar nada si todo está al alcance de la vista, hasta lo que no querías ver, la ferocidad de la gente del Quirquincho, un editor de poesía recluido en San Pedro por asesinato, un roba muertos, un cogotero, o dos, los que hagan falta, un policía malo, un poeta peor, dos para que el primero no esté tan solo, gatos en el regazo, singani, adoquines y escorreduras, gallos de pelea que se escapaban calle abajo, bodegas donde Sáenz chupa y vuelve a chupar y sus acólitos se meten pichicata como osos hormigueros, los muertos apiñados como leña de la Morgue de los NN, grises, acartonados, unos sobre otros, la honda fosa de los austriacos y del español asesinados hecha altar de ceremonias negras del cementerio de la Llamita, estafadores y estafados, un tumbapremios literarios, un monito inmundo que cabalga un mezquino, todos alborotando entre jarras de sangría españooola, en el Rincón Español, que huele de lejos a mugre diplomática, genuinamente española, a timba de Cooperación Internacional, un túnel, no el de la Avaroa y el templo de la Muerte, sino otro, en Sopocachi, un vagón de un tren blanco y fantasma hendiendo en la noche de la patraña, esa de los riquitos españoles, un muñeco ahorcado en cada esquina que de la noche, los borrachos en el cementerio juegan al mus sobre los restos de la mesa de las almas perdidas… y etcétera, platillos, tubas, trompetería brava, estridente, atronadora. Corre la Huari y el singanito Casa Real, y con él se challa y se invoca a las entrañas de la tierra, sí, evoluciona la China Supay en el centro del cortejo… Es cuestión de tiempo. Te lo dice Godínez, que no estuvo en Mallorca, pero sabe un rato de esas diabladas, porque vino encantado de todas las cosas que vio por allí. [28.2.15]

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