Tomate boliviano

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Sostenía Lezama Lima que el hechizo de más difícil conjuro era la auctoritas destemplada. El otro día me tropecé con un cretino de manera cortante me dijo que en Bolivia no se comía tomate crudo porque no sé qué del clima o la altura, con aplomo, de manera cortante, como si le fuera algo personal en el asunto. Yo solo trataba de explicar  la guarnición de la mayoría de los platos y platillos que se comen dentro y fue en los hoteles de los agachados. Con esa gente que tiene la razón en todo, que todo lo sabe, que habla con autoridad de lugares que no ha pisado, es imposible conversar. Son cretinos hasta las cachas. Primero viaja, entérate, luego habla, pero no, lo primero el prejuicio, la idea preconcebida, el rumor mal entendido, la bobería y ese empujón que arruina cualquier conversación. Son los lixtos, son los que saben, los que salen a ver si te la meten doblada al tiempo que ofician de fetenes. Un asco de gente. O dos. ¿Importa? Poco.

 

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