Gómez de la Serna y Baroja

ITZEA 8-11-05 013“… en prueba de mi afecto que quizas no sabe expresarse, que quizas es torpe, que quizás Vd. no vera pero que le tiene”… Baroja lo consideraba un charlatán y no perdió oportunidad de decirlo. Gómez de la Serna tenía éxito literario y social, muchos amigos, encanto, como su hermano Ricardo, él no o poco, o eso sentía, o de eso se quejaba.*

* Inicio con esta ilustración un blog, titulado Barojiana, en el que voy a reunir trabajos publicados sobre Baroja, junto a documentación gráfica y bibliografía comentada, propia y ajena.  Creo que a Baroja y a su mundo le he dedicado el tiempo y el esfuerzo suficientes como para que cuando menos los trabajos no queden del todo arrumbados.

Enlace del blog Barojiana

A 25 euros el berrido

Captura de pantalla 2015-06-13 a las 07.25.59A Joseba Santamaría, director de Diario de Noticias, le han ofrecido 25 euros por asistir a una manifestación tan ultra que se presenta como apolítica, contra el nuevo alcalde de  Pamplona, organizada por nadie, verdad, pero con el aplauso expreso del Partido Popular experto en la utilización callejera de matones de uniforme y de mamporreros. Algo tendrá que decir la delegada del gobierno,  pero no dice, se hace la democrática.  Hace ya días que la gente bián de la ciudad se pasa esa convocatoria por sus redes sociales con mensajes más repugnantes unos que otrosIncluso se pasan las medidas que tienen que tener los cartelitos a exhibir. No se resignan a haber perdido las elecciones y sobre todo a que en las instituciones entra, por fin, gente nueva. LLevan muchos años en su mangoneo democrático, en la construcción de una comunidad cerril en la que se ha silenciado a buena parte de la ciudadanía. De la intoxicación informativa al escrache, pasando por las mentiras indecentes utilizando plataformas mediáticas de alcance nacional y pago gubernamental. Son bellacos y lo saben. Ayer todavía utilizaban  a las victimas del terrorismo para azuzar la convocatoria de esa concentración pagada, con una esquela publicada por  el periódico que sostuvo y propició el golpe militar de 1936 y nunca lo ha condenado. 25 euros. No sabremos de dónde salen. La Delegada del Gobierno tal vez sí, si  utiliza a su policía para otra cosa que no sea reprimir la alegría ciudadana de hoy.

El “Juan Fernández”

El pailebote Juan Fernández, que no sé si si fue el del colono suizo Alfred De img_2595Rodt, pero sí que entró un día en puerto por haberse amotinado la tripulación en alta mar, lo compré en la plaza O’Higgins, de Valparaíso, hace doce años. Acababa de regresar de un  viaje accidentado a la isla de Juan Fernández, la de Alejandro Selkirk, al que ya muy mayor, en una taberna de Londres, sumergido en su bebida, se le oía decir refiréndose a Daniel Defoe: “Me robó mi historia”. El amigo en cuya casa vivía pensó que había perdido la cabeza. Y el taxista que me subió a Cerro Alegre con el barco en brazos me miraba raro por el retrovisor: “¿A dónde va con eso?” “A Navarra” “¿P’a donde cae?” “En el norte de España” “Ah…” y miraba y volvía a mirar.
Luego, he contado ya en algún lado, mi amigo y yo, con varias morteradas de pisco sauers, algunas botellas de Casillero del diablo de por medio y varias parrilladas, construímos poco a poco una preciosa maleta de madera que viajó dando tumbos hasta Pamplona con el barco dentro. Las asas eran de Carretero, un guarnicionero como para poema de Pablo Neruda… Las cosas, ese misterio.
Me gustaba mucho el cachureo dominical de la plaza y el diario de las calles adyacentes: una insripción del monumento a O’Higgins que habla de igualdad y de fraternidad, el recuerdo de la luz del otoño austral de varios viajes, en uno de los cuales escuché a un grupo que con voz recia y rotundos golpes de bombo  el tiempo que va pasando como la vida no vuelve más, una canción de más de treinta años atrás entonces, más de cuarenta ahora. ¿Y el barco? Ah, el barco ahí sigue, quieto, rodeado de ex-votos o reliquias, veo hasta una fotografía, veo, en la que asoman las jetas de dos novios de la muerte bolivianos, alemán uno, italiano y pistolero de Montejurra 76  el otro; una foto tomada en el pequeño puerto de Largo, el pueblo natal de Selkirk; una calavera de zorro del día que ví  asombrado cómo habían arrasado, en el pueblo de Azcona, el panteón de mi familia paterna, y todavía me pregunto qué habrían hecho con las momias, en fin, cosas; un frasco de pichicata de hace cien años, fabricada en un laboratorio de Barcelona y vendida, entonces por lo legal, como atestigua Ramón J. Sender, que trabajó de mancebo de botica en Zaragoza;  una velita que me dió una mujer en el cementerio de la Reinvierea, en Bucarest, junto con una bolsa de pastas (que me comí)  porque la viuda que iba de entierro me confundió con un mendigo…  ¿Y la isla? La isla allá lejos, en el recuerdo, en las páginas escritas y en la certeza de que tienes que vivir las tierras que pises como si no fueras a regresar nunca más.

Próspero, de Peter Greenaway

003-prospero-s-books-theredlistPróspero, La Tempestad, Shakespeare… historia olvidada, menor, de sobremesa de buenos habanos y mejores tragos… Un plagio inexplicable de Shakespeare a un autor navarro, oscuro, de verdad oscuro, Antonio de Eslava, natural de Sangüesa, fallecido en Valladolid, a donde fue a hacer carrera de escribano, autor de Las noches de invierno. Un asunto inexplicable y ya estudiado por hispanistas norteamericanos a finales del XIX, el mismo Menéndez y Pelayo (don Marcelino, que no falte el don de la rancia caspa hispana)) se hizo eco del asunto: en un siglo tan lleno de buenos escritores tuvo que venir Antonio de Eslava con su “maldita prosa”. Las noches de invierno son una cosa, La Tempestad, otra.