José Antonio Sistiaga, en el Museo Oteiza.

11426510_10152981059665875_2331553971717478651_oLeo que José Antonio Sistiaga expone desde hoy en el Museo Oteiza, de Alzuza. Llamó ayer para invitarme a ir, pero no estoy cerca y no sé si al final podré ir a ver su exposición de películas pintadas, cuyos carteles conservo, y creo que pinturas, Confieso que no me llevo bien con ese Museo ni con el hampa que se mueve a su alrededor, pero esto no tiene nada que ver con los colores de Sistiaga que sonrisa para arriba, sonrisa para abajo, ha trabajado como un forzado y merece el reconocimiento de esa exposición.

La nuestra es una amistad vieja de 44 años. Lo conocí en 1971, gracias a Pedro de la Sota. Fuimos a visitarle a su casa de Hondarribia, detrás del parador. Yo llevaba un cuaderno de versos que es muy fácil decir ahora que eran poltrosos. Eso es una cobardía, eso entonces, no ahora. No tengo la menor idea de qué vieron en aquellos versos Sistiaga, el escultor Remigio Mendiburu y no me acuerdo quién más estaba en aquella comida en la Marina. El caso es que el apoyo de aquella gente me fue fundamental. Me dio una confianza que estaba muy lejos de sentir, o más que confianza, arrojo para seguir dándole a lo arrebatado y visionario (y a coger de paso muchos números de la lotería para la Casa de Orates), y hasta ahora. Entre tanto nos hemos visto en su maravillosa casa de San Juan de Luz –menuda historia tiene… como que Pierre Mac Orlan publica en Légionnaires una fotografía de quien fuera su propietario, al margen de que la diseñara Pavlovski… en su destartale elegante de hace años parecía un escenario de Patrick Modiano–, en Ciburu, en Donosti, y hasta en Madrid, cerca de Chicote, donde él tenía una tertulia rara… He escrito textos para alguno de sus catálogos. Y tengo en mi casa un desnudo que me regaló Pedro para mi cumpleaños de 1974, y que encabronaba a mi familia puritana cuando lo veían: ocho trazos, no más, azules y seguros… Ahí sigue. De cuando en cuando José Antonio llama para decirme que le ha gustado algún artículo más bronco que otros. Por causas que no vienen al caso quedó en nada un proyecto que tuvo de ponerle voz a su película sobre los encuentros de Pamplona  y en los que estuvimos hasta que explotaron las bombas, dos, y uno, que no fui yo, se llevó a casa un hombre gris del Equipo Crónica después de que no sé quién reventara el espectáculo Allô, ici la terre… lo de la lluvia de cenizas del Náutico de Neguri es otra historia, que decía el bodeguero de Irma la dulce. Hoy cuenta que expone en Alzuza, en un museo que Oteiza quiso para otra cosa y que tal vez ahora con el cambio que se avecina recobre parte del sentido que se le ha escamoteado de manera política e interesada estos años de mugre institucional.

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Un pensamiento en “José Antonio Sistiaga, en el Museo Oteiza.

  1. Estuve una vez, no había nadie, yo sólo, en el museo Oteiza, en ese monte,quién decidíó que fuera allá? Seguramente el mismo Oteiza que vivía ahí claro, es muy posible que aún que estuviera en la plaza del castillo, tendría parecida audiencia y es que el empeño en acabar con la cultura, de todos los gobiernos de siempre, va calando, todas las cadenas de televisión también, trabajan en esa línea…

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