Las cosas…

DSC_0039 20150527_074146….ese misterio, quedó dicho. Ahora con un fragmento de un poema de Jaime  Sáenz en La Noche y con esos talismanes que no sé si están destinados a ser derretidos en  la sartén del yatiri de cabecera, si es que lo tienes y si no en uno cualquiera al paso, puedes subirte a El Alto y escoger el que más te guste para que te lea tu suerte, si es que todavía te queda algo, en lo que la figura derretida componga en el agua… Tu suerte, dudosa, la probé, en la feria de Alasitas de La Paz, bajo la lluvia-lluvia y no era buena, y había que , encima echar, una milluchiada y allá que me fui para Pampahasi, pero no hubo caso… el yatiri ya solo atendía en la plaza Murillo, ahí, sí. Don Eugenio, que me echó la hoja de coca sobre su aguayo del callejón Jimenez,  por algún lado lo escribí. He olvidado lo que me dijo. Era sombrío y triste. Me vió viejo y apagado. Para qué te vas a acordar de la borrasca que puedas llevar sobre la cabeza. No recuerdo en qué viaje me hice con esos talismanes, sí sé en dónde, en qué chiflera, y por mucho que he vuelto y preguntado no me ha sabido dar razón, no tenemos pues, no traen. Pero mi interés no viene por los talismanes ni por las adivinaciones del porvenir, sino por esa concavidad de la calavera donde habita la noche, dice el poeta, y por esos objetos que como afirmaba con pasión  otro juntacositas, siguen creciendo en la oscuridad y de los que no nos desprendemos  para que la época a la que están unidos no desaparezca del todo: por eso he pergeñado un chamarilero que vende lo destruido, lo perdido, lo robado, lo regalado para comprar un afecto en vano, lo que nunca tuviste y hasta lo que no sabías que habías ambicionado tener… todo eso está agzapado en la concavidad de la calavera de la que habla Sáenz.

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