“De aquellos polbos…”

Goya_Cap_D60_Specks_DustCondenar o no condenar el terrorismo de ETA. Esa no es la cuestión. La cuestión es hacerlo no según tu conciencia, sino como quiere el político que lo utiliza como permanente argumento contra sus adversarios, como enemigos tratados siempre, en la práctica irreconciliables, como quieren sus votantes, arracimados en jarca montaraz, violenta y clasista que nunca condenó el golpe militar de 1936, pero se ampara del sistema democrático y sus libertades, como sus únicos defensores posibles.
Para mí, esa imagen de Goya, del relajado que escucha la apuntación del fiscal inquisitorial en el auto o autillo que se le ha formado por hereje o réprobo o vaya usted a saber por qué, por sospecha de heterodoxia, refleja bien la situación de aquellos a los que se les quiere impedir la participación activa en la vida pública por no condenar los crímenes de ETA de la forma oficial, establecida de forma obligatoria, dónde y cómo, nunca como tu conciencia te dicte que es lo que hemos hecho algunos cada vez que se producía un crimen, sin apoyos y sin matones… No, hay que condenar al dictado de quien ostenta el poder de turno, cualquier clase de poder, bajo pena de excomunión y de exclusión social. Ahí todo vale, la mentira, el empujón, el aprovechamiento del cargo público, el linchamiento mediático, pero sobre todo la mentira, la imposición de una historia y la voluntad de proscribir socialmente al que no está contigo, a tus órdenes. No puedes decir que utilizan la terrible certeza de las víctimas para sostener su posición política y hasta sus puestos públicos gubernamentales, pero lo piensas. «Aquellos polbos»… el de los «Años Triunfales» del poeta, aquellos en que Media España ocupaba España/ con la vulgaridad, con el desprecio/ total de que es capaz, frente al vencido,/un intratable pueblo de cabreros… Se equivocaba Gil de Biedma, no todos los cabreros son intratables, la crueldad no es patrimonio del gañán ni de aquellos que apaleaban a Don Quijote, ni tampoco la violencia.

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