El Winnipeg en Valparaíso

traversee-solidaireEl Winnipeg en Valparaíso, según  Juan Uribe-Echevarría, en su novela Sabadomingo.

Maturana no olvidaría jamás la llegada de aquellos dos mil setenta y dos refugiados españoles a Valparaíso en una clara y fresca mañana de septiembre.

En el muelle, junto a la mole oscura del barco con nombre canadiense se arremolinaban periodistas, fotógrafos, grupos políticos y culturales. Allí estaban representados el Frente Popular, el Comité de Recepción de los Refugiados Españoles, la Confederación de Trabajadores de Chile, la Liga de los Derechos del Hombre, la Asociación de Ex Combatientes Antifascistas, la Asociación de Artistas de Valparaíso, los anarquistas de la I.W.W., y algunos dirigentes deportivos a la busca de jugadores de futbol.

La colonia española, en su mayoría vascos y asturianos, vestidos de oscuro, como para un funeral, se movían en un sector aparte. Muchos mostraban una indisimulada preocupación. Eran comerciantes adinerados, partidarios del orden, a la espera de parientes a quienes la Guerra Civil rotulaba como extremistas peligrosos. Los diarios “serios” de Santiago habían abundado en noticias y opiniones alarmantes. Llegaba una partida de desalmados: ladrones, asesinos de monjas, de curas y hombres de bien; incendiarios, profanadores de tumbas. Verdaderos chacales. En folletos de propaganda aparecían milicianos sonrientes exhibiendo ataúdes y esqueletos mitrados en las puertas de las catedrales.

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Una banda ejecutó la Canción Nacional y la Marsellesa. Se repetían los vivas a Chile y al Presidente Pedro Aguirre Cerda, cuyo enorme retrato lucía en la proa del buque. En el puente del Winnipeg se apiñaba una multitud nerviosa y gritadora. Aquella variedad de rostros ibéricos se movía de un lado a otro portando grandes sacos y maletas, sin prestar mayor atención a la curiosidad y alegría de los de abajo. De vez en cuando algún grito poderoso hendía el aire:

¡Emiliano!      ¡Emiliano!… iAquí estamos!…¡Soy Fernando!… ¡Aquí está la Carmen y el nene! …

El aludido Emiliano, un español viejo, delgado y cetrino, con los ojos llenos de lágrimas, movía el pañuelo sin atreverse a gritar su saludo.

, Los obreros, estibadores y picasales observaban silenciosos a aquellos españoles y españolas, mal vestidos y famélicos. La visión de aquella triste humanidad despertaba en ellos un sentimiento confuso, una mezcla de curiosidad, compasión y recelo.. En el puerto solo conocían españoles duros, soberbios, enriquecidos en las tiendas, panaderías y agencias de empeños. Estos aparentaban ser “rotos” españoles, obreros, pescadores y campesinos que habían luchado por las ideas de avanzada social. Una voz ronca, proletaria, se hizo aplaudir, entre risas

–iVivan  los coños republicanos!

(Continuará)

muelleAhí estaba la estela del Winnipeg, en el muelle de Valparaíso rajado por el terremoto del año 2010, en el mes de mayo de aquel año.

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“La muerte de García Lorca”… una versión canalla.

 

Una versión canallesca, vengativa, cuyo origen habría que buscar en Eduardo Aunós y sus amigos policías, los que llevó Eduardo de Guzmán a “Nosotros los asesinos” y De Lera a sus novelas padecidas.PT 237 PT 238 PT 239 PT 240

Premio Internacional de Novela Kipus

El baile de los granujas… el editor de Kipus y sus amiguetes, y todos callan por miedo a no salir en la foto, por mañudos, por cobardía moral… pero mira lo que son las cosas, algo tengo que agradecerles: el que me hayan motivado y dado ideas y perfiles de personajes para mí novela “Diablada boliviana” en la que ahora mismo trabajo.

De esta estafa escribiré con calma cualquier día de estos, aprovechando las fiestas septembrinas de Cochabamba por ejemplo, y también lo haré de las jugosas anécdotas que rodearon la concesión del …
vivirdebuenagana.wordpress.com

Detenido en espera de juicio

936full-detenuto-in-attesa-di-giudizio-poster_zpsd21d251f.jpg~originalParecía cosa de chiste, una burla de Alberto Sordi, siempre golfo, siempre descarado caricato, pero la historia de la película Detenido en espera de juicio, es siniestra, angustiosa, deja mal cuerpo. Te puede pasar a ti y a mí, a cualquiera: ser detenido sin motivo o con motivo difuso, y ser de seguido tronzado por el engranaje judicial y el papeleo. Crees que estás libre de eso, pero no lo estás, y mucho menos en países que no son el tuyo. Me pudo pasar, hace tres años, en el aeropuerto boliviano de Viru-Viru, cuando me detuvo la FELCN. Tal vez fuera eso lo que más temí a lo largo de aquellas trece horas de detención: el embrollo, el equívoco, la mala fe del policía que me custodiaba y me intentaba sonsacar la pura nada, la indefensión, el cambio de guardia, los trucos de los mafiosos detenidos con motivo, el que se echara a rodar la estúpida bola policiaca, judicial sin escrúpulos, burocrática; algo que quienes hemos ejercido la abogacía sabemos que es posible, más que posible: los detenidos enviados a prisión sin la firma del juez, las sentencias redactadas antes de la vista, las trapacerías de los oficiales venales hasta el delirio; los meses, los años de prisión, para acabar absueltos; las vidas rotas por capricho, por arrogancia togada; el abuso institucional, la mala fe policial y los malos tratos denunciados en balde… todo lo que vi y lo que escuché, es poco comparado con lo que de verdad pasa en esos infiernos carcelarios. Crees en el Estado de derecho hasta que este te tronza. Claro que hay gente que besa la mano del policía que le maltrata. Los niveles de vileza a los que pueden empujarte desde el abuso de autoridad dan vértigo. Esa película de Nani Loy de commedia all’aitaliana no tiene nada, es una sobrecogedora denuncia… en balde.